Cartas sin destino, letras para nadie (III)

Martes, 12 de noviembre de 2019: El ocaso de la Reina Momo.

Día 1 sin contacto on line contigo. A partir de hoy, periódicamente, no a diario, puesto que romper las vías de comunicación en WA y TW persiguen un fin, que es sacarte de mi mente, obligarme, estas “Cartas para Nadie” están reservadas para ti, amor. Y no. No sabré si las lees o no. Ni nadie más que yo sabe quién eres tú. Nadie eres tú, en definitiva, de ahora en adelante. Te cambié el nombre, ya tienes otro modo nuevo de referirse alguien a ti, para que lo guardes entre tus recuerdos.

Porque me sigue apretando la fresa sólo el susurro, sólo las palabras escritas “latir juntos”. No puedo, no me lo saco. Y sé que la única manera es ser radical. Incluso inmediatamente contactar con quienes quieren saciar mi sed. De manera mucho más prosaica que vos, sí. Pero sin sentirse culpables por ello ni hacerme a mi papilla por el camino.

Como dije donde no podrás leer: Algún día me llegaré a tu vera. Y entonces te ofreceré mi mano y mis labios, de nuevo. Todo mi ser será tuyo, si lo quieres y el futuro brinda la oportunidad. Pero ahora tengo que hacer un paréntesis largo. No puedo ni debo estar a tu alcance. Algún día comprenderás que yo también siento a mi manera y reservo lo mejor siempre para el tú a tú. O tal vez no. Pero espero poder sonreír al pensarte, aunque hoy no sea capaz todo el rato.
No estés triste, si por lo que fuera llegaste aquí. Cambié de bar. No es tan difícil volver a charlar sobre rock algún día, volver a reconocernos solos, entre la multitud.

Te sigo soñando.

Furtivos.

Borradores de twitter* no publicados. Hoy, en este post.

Porque cuando estoy ansiosa, -en realidad justo después de las crisis de pánico, no durante-, consigo ser lo suficientemente consciente de que no quiero verter ciertos pensamientos, emociones y trasiegas de mi vida en esa red social.

A quienes quiero acercárselos lo intentaré a mi manera, en documento en blanco sin límite de caracteres, con posibilidad de edición, reposada la inmediatez, tras la reflexión.

Siempre fui lenta. Fiel al refranero utilizado habitualmente por mi madre, para transmitirnos sus valores, recibidos también de mi abuelo, “vísteme despacio que tengo prisa” combinado con “sin prisa pero sin pausa” son filosofías vitales para mi; contrapuestas a la velocidad de palabra de hoy en Internet. En las conexiones a distancia, en general.
Todas hay que gestionarlas con acierto, pero WhatsApp en particular, me mata el equilibrio emocional, es una red que me crea un gran malestar y hay personas que la utilizan de manera funesta, demasiada gente, para mi disgusto.

Pero no hablo de eso, sino de los casos en los que deseas recibir respuesta de alguien. Y no llega. Y depende de cosas que no están en tu mano que la recibas antes o después. Rápido o desesperadamente tarde para tu equilibrio emocional… y tras de ello el hormonal. Bioquímica pura. No falla, pero nunca en mi vida me había sucedido que me provoquen desregulaciones en mi ciclo de diez días.
Pasó aquella noche furtiva, pasó tras aquella, la última, que pretendió ser una ruptura sincera, y que aún no sé con exactitud cuánto dolió y me duele, por tanto, hasta que no lo aclare bien. De esos días alejada son los tuits que no di a enviar. Y me alegro de reservarlos para quien tenga interés en leer aquí.
Cuentan del torrente de emociones que se me ponen en marcha, del difícil equilibrio que supone todo hoy en mi vida. Pero qué si no es la vida, sino emocionarse.

<<Aparece en mi vida hoy de nuevo. Me escribe, como cumpliendo con el trámite de una petición de hace días, preguntando por su salud. Respondo escuetamente. A los 20 min no puedo evitar enviar un audio. A los 10 min, viendo que está en línea, tras escuchar, comienzo a escribir.>>

<<Otro mensaje eterno, que borro y edito en su inmensa longitud. Él sigue en línea. No lo puedo saber con certeza pero le conozco creo que suficiente para saber que está expectante. Que desea leerme y verme bien. No sufriendo y desesperada, como estoy, en realidad, por saber de él.>>

<<Sin deseo no hay amor. No siempre es que te escriban. También es responder. Y el tipo de respuesta. Saber que latir juntos no lo deseas con cualquiera. Temer que haya acabado aquí >>

**Estos hipotéticos tweets no fueron enviados a finales de septiembre, sin ser necesaria mayor precisión, ni de tiempo ni de espacio.
***Este post es un tributo a Bo, “Bosita”, que se escondía de todos, un tiempo, menos de mi, y fui la última en verla. Se fue también, a finales de septiembre de 2019. Echaré de menos siempre buscarla.

Despacio, a fuego lento.

Esta tendencia, -diría que casi innata-, de entregarme al amor de manera irreflexiva, imprudente…
De no ir a lo práctico y pensar en las consecuencias, en el dolor del fracaso y el desgaste emocional que eso implica, cuando sale mal.
Incluso debería valorar la cantidad de cicatrices y zarpazos en la patata; el estado previo y la huella que dejaron otros, que afectará sin duda a las nuevas relaciones que alumbren el horizonte.


Y deberá ser muy intenso el rayo de luz, porque con el tiempo te arriesgas menos, incluso en casos como el mío.
O mejor dicho: Amo y es difícil porque está lejos.
Probablemente sea mi amante más complejo, pero no por la distancia en sí, que también (obviamente), sino por inocular una extraña y nueva capacidad en mí: reflexionar acerca de mis orígenes en positivo, algo que nunca me ha sido fácil… (Valgan las páginas de este blog personal como muestra de ello =).

Es sabio, de una manera sencilla, austera, exquisita, todo al tiempo.
Al expresarse así de bonito fue que me conquistó.
Me había fijado en él. Me parecía atractivo.

Y un buen día se dirigió a mi. Como nunca nadie lo había hecho antes. Fue instantáneo, casi. Yo me dije “Ay” muy rápido, me picaba mucho la curiosidad.

Como una adolescente“…

Ir entendiendo su conducta íntegra, su respeto escrupuloso. Y querer que esté bien. Que ría. Que siga disfrutando de la música, de la vida que merece tener, del amor de los suyos.

Estar bien los dos. Amarnos, a veces. Sentir que me piensa, desde lejos. Deseos y anhelos que me ilusionan y encienden. Pero en calma, con paciencia. Me ayuda a verlo. Hace unos meses estaba ciega de dolor y ansiedad, para verlo.

Igual que con mis amores chinijos: calma, paciencia. Que sonrían siempre.

Tiempo y cocción lenta. Los buenos cacharros de barro.
Y cada vez guardarme más y proteger lo que surgió.

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