Lento.

Hablaron durante meses. Cuando faltaban días las conversaciones se les iban de las manos en cosa de tres minutos, para pasar de las palabras a los hechos y tocarse a sí mismos pensando en las manos del otro. Eran un polvorín a distancia. El control remoto pasaba a la acción simplemente con una notificación en el celular de que el otro estaba en línea. Diciendo “¡Hola!”, nada más, pero a ambos se les aceleraba el pulso, enviando o recibiendo mensajes.

A menudo imaginaban juntos el momento de probar las pieles. Ella se preguntaba secretamente cuánto tardarían en llegarse a la cama desde el encuentro en el sitio donde se citaran, media hora, una, dos… Él solía hacer referencia a la timidez de los dos, entre risas. Al mismo tiempo le daba a ella confianza en sí misma y una seguridad extraordinaria en que todo iría bien. Que aquel hombre tímido pero tranquilo, le proporcionara esa sensación de calma, era uno de los puntos fuertes de la relación. Fue ella quien se acercó a él el primer día, intrigada por el dolor de unas letras, por una manera de amar concreta que trascendía en versos tórridos dedicados a una mujer de su pasado.

Estaba muy confundida, saliendo de una relación en la que ella se sentía adolescente que chupaba la energía a un vampiro de unos quinientos años, muy desgastado por la vida inmortal. El vampiro fue padrino de su transformación, cuando ya estaba en las últimas, pensando nada más en las estacas y las balas de plata. Y la abandonó justo después de morder. El vampiro la bautizó pero con un fogonazo desapareció, dejando sus retinas lastimadas y el corazón muy maltrecho.

Y aquellos versos inflamables pero contenidos, resignados pero encendida aún el ascua, dolientes pero vívidos, calientes y hedonistas, enamorados pero vencidos por la desesperanza… le recordaron al punto de partida anterior. Pero da igual cómo sucediera, si la casualidad o el algoritmo, la cuestión es que dos corazones arrasados tomaron consciencia de haberse topado, el uno con el otro. La parte buena de ella, aunque la curiosidad de la gata es la que la mata, pero también de vez en cuando consigue un salto a un tejado con unas espectaculares vistas.

El vampiro era un melómano y usó la música para la seducción de los sentidos a distancia, así la pescó e hizo discípula. Una muy potente y adictiva manera de edificar una relación basada en el deseo.
Pero en el hombre de las letras dolientes la seducción no había sido activa, al menos dirigida a ella. Tiempo después supo que ese dolor estaba reposado. En cierto modo ella se sentía atraída por esa ardiente expresión al mismo tiempo que desplegaba su contención emocional y su agradable trato, exquisito, sin histrionismos, como ella misma se veía ante el desamor, contando sus tropiezos y daños masivos. Y le deseaba con sed y veneración, ya a estas alturas. Siempre lo deseó, desde que encontró los versos, que le hicieron removerse en el sofá, -mientras leía, piernas inquietas, latido en el coño,- pero había ido a más y más y más cada vez. Superada así la aventura del vampiro, con mucho, en este aspecto. Este sí que nunca se coló sin invitación por la ventana. Que quizá no fuera tan casual, que pasara por allí, ya no importaba absolutamente nada, desde el momento en el que ella había vencido la timidez para saciar la curiosidad de manera entrometida. Era consciente y no la importó. Estaba la sombra del vampiro aún por ahí, digamos que el luto y la inevitable comparación le ha durado demasiado, pero siendo su bautizo no podía ser de otro modo. Creyó de algún modo en la reencarnación, aún habiendo visto calcinarse al otro, a él que derritió toda la escarcha que la envolvía y la devolvió a la ardiente lascivia que formaba parte de su ser más íntimo. A la dulzura del deseo felino y reptil. A ratos la mamba de segunda generación recordaba a la Veterana y sus enseñanzas sobre los sacos de palabras que atrapan y el sacrificio más aletargado de una mujer a los cuidados.

Su deseo sexual estuvo encadenado y ahora es como empezar de nuevo todo.

Y ahora está enfrente del que hace poesía posesa de deseo mezclado con dolor. La melancolía. La foto fija. La imagen amplia, la filosofía de quien vive sin prisa, aún con una epidemia mundial de por medio. Un aumento inesperado de incertidumbres rodean un momento ansiado. Ella, nerviosa, -ve venir el enganche- provoca el primer alejamiento. Después un segundo evento, en el que acaba enviando un audio enfadada y, tras de excitarse él con su voz, ella también con su erección y terminan tocándose… Eso no pasó antes. Antes, tras los enfados, llegaba el hielo. Nadie nunca había provocado su fuego al regresar de esa manera… le perturba eso.

Y a él le perturban otras cosas. Hay algo inquietante en ella. Cuando entra en pánico, habla muy deprisa, escribe muy deprisa en el chat, también. No la sigue. Le pasa con más gente, le cuenta a él. Y que de normal, si está tranquila, es de mascar, rumiar, reflexionar e incluso que necesita su tiempo. Ella se considera “lenta de procesador”, como dice. Y cuando tiene un pico de ansiedad, porque algo que has dicho tiene relación con uno de sus miedos cotidianos, se transforma. Es un torrente verbal. Se desborda en sentimiento y palabrería. Es ininteligible y ella lo sabe pero no controla el impulso. Ahora lo para, una vez iniciado el chorreo, cuando se da cuenta de que los interlocutores no entienden lo que dice. Es un avance. Antes entraba en cólera por la frustración, lloraba y gritaba, desesperada. Estando él on line se transforma en lo contrario. En calma y sensualidad, las lágrimas si acaso son de risa y la desesperación es cosa dimensional, de tiempo y espacio, por ganas de tenerse, que ya se tienen desde hace mucho. Han pasado meses. Él se ha sabido con un fantasma cerca y ella también piensa que este también tiene unas expectativas muy altas. Que no sabe si va a poder satisfacer. Pero, como siempre, planteada la oportunidad de conocer a alguien que le ponga erizada de la cabeza a los pies, predispuesta a la entrega al cien por cien, como ella era, antes de que se rompiera eso… ¿cuándo se rompió eso?

Mientras ella piensa en sus calamidades e insatisfacciones de citas que sí consiguió y fueron un fiasco. Es caliente pero no es fácil ponerla al límite, esa es la cuestión. Necesita una atracción por encima de lo físico. Es la conexión de sentirse deseada al punto de que quieran y deseen tu disfrute como tú el de la otra persona. Para que vuelen los tabús y fluya la piel, la humedad de bocas, de las bragas y se desee la erección y la dilatación y lubricación de los miembros, ya sea natural o con saliva. Están de pronto, mirándose y frente a frente… [Interrumpe ella sus sueños húmedos despierta…]

Acaricia su cuello, con el dedo índice y el corazón, deslizando suavemente por el sudor de su escote, hasta encontrar el borde de la camiseta. Se detiene la mano en estirar la palma y apretar el seno izquierdo con suavidad, por encima del sostén y de la tela del top, y ya se percibe esa gominola dura, que le vuelve loco. Respira deprisa y fuerte. Él sabe que mejor ir despacio, la conoce. Se exalta como una niña. Vuelve con los dos dedos al borde de la camiseta, para recorrer con las yemas el escote hacia la parte superior del tirante. Ahora los baja lentamente, el del sostén y el de la camiseta. Se detiene un instante, observando la curva desde el hombro hasta la clavícula, luego el cuello, la melena… retira hacia atrás el cabello y la recorre con los dedos. Entonces acerca la boca y la nariz a la oreja y susurra “estamos aquí, juntos…”. La mano pasa detrás de la cintura, entretanto, rodeándola y alcanzando las nalgas, que aprieta contra sí, mientras respira suave y cálido en su cuello. Ella respira excitada, notando la erección de él y la humedad de su boca en el cuello. La llama ha prendido con inusitada facilidad. No son extraños, no. Todo aquello estaba soñado, previsto, compartido. En la imaginación de ambos, meses atrás. Así que, despacio, frente a frente y mirándose el uno al otro, comienzan a desnudarse. Aún no se han besado pero se comen con los ojos. Se han desprendido del exterior y ella está a punto de bajarse las bragas, pero él, que no le ha quitado un ojo de encima desde que la vio sentada en la mesa del restaurante, se arrebata de pronto, porque quiere ser él quien se las quite, así que le agarra de las manos para que no lo haga, mira hacia la cama. Ella lo entiende y camina para sentarse en el borde del lecho. Él la sigue y se arrodilla, abre sus piernas poniendo las manos con suavidad en el interior de los muslos, que acaricia mientras no deja de observarla, y se coloca entre ellos. Se acerca a su boca y la besa por primera vez con pasión acumulada en meses de deseo de sentirla cerca. El abrazo junto al beso, de la piel desnuda, los pezones duros de ella apretados contra él, la rigidez del miembro en aumento, unas lágrimas tontas resbalando por mejillas sentimentales, exaltación y frenesí. Él no quita, sino que rompe las bragas y entra en ella sin poder esperar más… No fue como planearon en absoluto, de hacerse desear. No se puede evitar. Pero una vez envueltos en sudor, saliva y fluidos de ardiente deseo, contenido por las vidas de cada uno, se ralentizan. Ella para. Lo mira. “Hagámoslo durar…” Y sonríen sabiendo que ambos están de acuerdo. Se sube entonces encima de él, ‘sin prisa, pero sin pausa’, y comienza la monta suave de la amazona de los sentidos en que se convierte, con un contoneo que dosifica con sus caderas, acompasadas con ritmo favorecedor al movimiento de los rotundos pechos. No podrá ser de otra manera que lento y largo, como las piernas, los brazos… los tiempos en los que la historia se ha cocido, a fuego lento. Disfrutar cada centímetro de piel y explorarlo, lento, hacer un mapa del otro, la primera vez de todas las que se follarán esa noche. Ávidos, como están ambos, de un tú a tú secreto, exclusivo, único. Que te de más alas para amar. Y desear. Desear ser tú.

Es cosa de dos, cada hilo de deseo… Dos amantes esclavos de ese hilo.

La Reina Momo todo el tiempo anda a la pesca…
con su carcajada ronca me tentó…

Mentiras, las tuyas.

Cuando escribiste que no harías más referencias. No puedes. Eso es imposible. Es lo único que queda. Convertirlo, al auténtico y al origen de todo, en uno de los imaginarios. Material onírico. Porque soñar alimenta el espíritu. Mientras esté en tus sueños, estarán las referencias, una y otra vez. Aunque te engañara y no te quisiera en realidad, o aunque no te engañara, si no tú a ti misma pensando que era cosa de dos (y que exista esta duda revela la verdad, que no te quiso y sí te utilizó, probablemente); en tu materia noctámbula te recuerda, sigue deseándote y es un sacrificio apartarte de su vida.
Y mil boberías más, claro. Pero es que la imaginación es libre y no tienes ni una sola tacha a la que agarrarte, con ese inconveniente desgarro de herirte al salir, emborronando más, dejando más dudas.
Pero que sigue tu vida y su vida, saliendo de la tuya, y que eso está bien. Tú volviste a caer en el dulce arrullo del deseo, él no es impedimento para amar a más y mejor. Y esta vez caminas mucho más segura y todo está muy claro. Se puede encontrar quien necesite lo mismo que tú y que te dé tal y como lo necesitas. Y ya sabes que eso está muy lejos del amor convencional y aceptado como normalizado en sociedad. Pero tú eres optimista en eso. Crees que la sociedad cambia y ves el fin de la posesión emocional y sexual del otro. Es este el momento, cuando la tecnología y el progreso ponen del lado de los esclavos del amor y del deseo la manera de comunicarse, hallarse, encontrarse.

Ahora faltan otros tantos encuentros por describir en este blog, que habrán de ser ustedes, queridas lectoras y queridos lectores, quienes distingan los reales de los imaginarios amantes. Rai dispuesta y en casilla de salida, esperando está a que se relajen las restricciones aeroportuarias y se pueda viajar entre provincias, en la desescalada tras estar confinados por la COVID-19…

Nunca habrá mayor satisfacción de la literalidad de la realidad filtrada emocionalmente por la que suscribe, para que no duela o bien para lo contrario, que salga a borbotones la ira. Y halaga y enorgullece, te hace creer más en ti misma cuando alguien le ve una pretensión literaria, no sabes ni cómo definirla…te metes en un jardín. Si alguna vez editaras sería un proyecto muy personal y nada comercial. Este sitio no pretendía ser si no todas las cosas que no has dicho. De viva voz, cuando pudiste. En un chat de cualquier app o red social hoy en día. Son una especie de cartas encubiertas. Tapadas por salitre, vómitos y detritus incluso, muchas veces.
Otras tratan de rodearse de petricor o pino mojado al sol, o de ozono de orilla de mar en Lanzarote, de frescor de baño en sus aguas cristalinas, de fluidos sexuales mezclados en los post eróticos.
Mezcolanza de cotidianidades con sufrimientos vitales corrientes en todas las personas, en torno a la soledad, la crianza y preocupación por uno mismo, que es esencial en la felicidad de ellos, una separación traumática, con sus particularidades, también sus ventajas, por el lugar en el que vives.

Las mayores dificultades vienen por el lado de siempre. Y ya lo sabías. Y es ese lado el que se percibe a lo lejos y está presente a diario. Como una nebulosa. Y entonces te descentras y tratas de hacer textos quizá más amables. Pero ni es ni nunca fue el sentido de tus escritos en la red. Los relatos son simple y llanamente una necesidad compulsiva de expresión. De catarsis continua sobre lo que comes y reprimes día a día para no afectar a tus seres queridos cercanos. Hace mucho tiempo que es tu autoterapia. Lo que es absolutamente cierto. Por eso lo que se opine sobre esta web, como página personal que es de recortes de vida, recuerdos y sueños, con su toque de fantasía, no te afecta negativamente nunca. Ni la mofa. Porque ERES TÚ, en plenitud y a muchos y muchas puedes no gustarles, como ellos y ellas no te gustan a ti. Pero autenticidad. Es Ley. Esto no es el antro con gente que te advierte de que si te lo tomas en serio nosequé.
Es tu rincón. Aquí sí son tus normas.

El sentido de Rai está en consonancia con esto. Es un alter ego, que necesita poder escapar si ahora, de repente, estos textos han llegado al corazón de quienes tienen que llegar. Y si, por lo que fuera hay que volar hacia otras latitudes, entonces poder saltar también entre mundos oníricos…

No se dan pistas sobre las cosas entre dos. Imaginarios o reales.


...vacaciones dio a su corazón
no hay quien le quite a ese gallo el espolón
lo echó de la cabina y se desvió, descubrió y desbarrancó
y al borde del abismo lo dejó
puteando por lo bajo se marchó
una corazonada fue esta vez
trucho pero lindo camaleón

Más veneno.

*Retazos de sentimientos puestos por escrito.

Llorar por los rincones. En ausencia de ella. Callar lo que te duele; entonces la amas como a nadie. Llevar la pena dentro de nunca volver a oír su voz más.

“Y pensar en él y encenderse el deseo de tocar la propia piel, imaginando sus manos, que son las que acarician tu alma, sin estar cerca”.

Y estar muy lejos, de hecho. Tan lejos como un imposible. Pero la certeza de la sensibilidad que se aisló del mundo, aún a costa de su felicidad, de la de ambos. Y una mierda de comunicación… también por todas las interferencias.

“Y convertir la vida en penar, sin él, en verla pasar, sacrificando la alegría de tenernos y de verter la risa y las caricias, sin vetos ni culpa… Que un día se reencontraran despojadas del dolor de la distancia insalvable”

El castigo es la renuncia. Tu renuncia a ser feliz, condenando la dicha propia, que me obliga, por ser tan profundo este sentimiento, a respetarlo, aunque se me antoja una insensatez inflamable. Y la rabia de pensar que nada de lo que te sucede es justo.

“No hay que pagar ningún peaje para volver a empezar. Tu honestidad es tan pura como injusta conmigo, pero porque nunca tuviste en cuenta mi opinión ni quisiste aquella conversación”

¿Y volver a empezar de cero? ¿tras una promesa rota? Nadie se queda al lado de la lágrima congelada, que se rompe si intentas tocarla.

“Aceptar que era un bello paraje que antes fascinaba a propios y extraños.”

Vivir con la duda eterna de tus silencios a mis dulzuras, nena… Nunca saber si callabas por no herirme, al no sentir igual. No entender las formas… nunca. E intentarlo, para conocerte mejor, porque ya te amaba y no lo viste…

“Pensar que callabas por no herirme, vida, y a la vez pensar que te veías idealizado, en mis ojos tristes, y que quisiste sacarme del auto engaño de tu amor, pero que querías evitar mi ira… al no sentir igual. Y no entendí nunca tus formas. Por más que lo intenté, porque no se ama, en realidad, si no se conoce… ¿Por qué nunca dijiste simplemente un ‘NO-TE-QUIE-RO. ¡OLVIDAME!? Pues eso es justo lo que no hiciste”

Justo no hice mandarte por ahí a chingar a otro por ser delicado y siempre ví que la cagué. Que pretendías el drama de “es un cerdo, se aprovechó de que me supo seducir, o algo así”. O eso o lo otro. Renegar de lo que no supiste y crees saber. Que hay frío y desamor. No es ninguna, lo sabes y te da igual eso.

“Quizá sí necesitaba hacer de la situación una tragicomedia de tu falta de entereza, por mi orgullo herido de tanto ir y venir y sentir en verdad que había acabado, sin decirme nada… Quizá necesitaba, para no seguir anclada en el dolor la creencia de que te marchitarás por la renuncia, dejar correr el a veces necesario y sano despecho, con el que compensamos las que no somos celosas, por nuestro amor propio y pizquito de dignidad: pero, justo por cómo amo, al segundo ya me siento mal y responsable de todo. Y de nada. De partirme el corazón por las cosas calladas meses y meses…”

No eres tú sola a la que el corazón le ha estallado, no solo tus lágrimas arrasaban y no podía decirte eso, lo habrías malinterpretado… de nuevo. Lágrimas contenidas durante meses. Y si yo era impedimento para recuperarlo con él, también. Ahora me dirías cínico…

“Y esta sensación de ardor infinito, de que no salgan las metáforas ya, de querer aclararlo todo, punto por punto… o bien todo lo contrario. Olvidarlo todo. Hasta dejar de escuchar las canciones, si es preciso. La huida hacia delante y el tiempo hará su trabajo. Y el hielo y la distancia. El silencio perpetuo…”
Pero tú siempre serás la bola de demolición que provocó las letras crudas …

*Este post es una composición con manuscritos volcados en papel, en los últimos meses, cuando el pc no estaba a mano y el smart phone no me resultaba cómodo.