Aldea’s Air Lines


El necio me puso al corriente de la última aldeanada y no he podido resistirlo.
Parece que, por el momento, para venir desde Burgos a las Canarias habrá que seguir jodiéndose un día en la infame conexión autobusera con Madrid-Barajas, en el caso de que no tengas coche o alguien que te haga el favor de llevarte a la “capi”.

[…]
La posibilidad de establecer una ruta entre Burgos y las Islas Canarias surgió nada más abrir el aeropuerto, pero no fue hasta hace dos meses cuando el Ayuntamiento, en una iniciativa directa del alcalde, Juan Carlos Aparicio, la planteó formalmente ante los responsables de Air Europa, propiedad del empresario salmantino Juan José Hidalgo.

Una conexión rentable

En una reunión entre ambas partes que se celebró en Madrid en enero, un representante municipal trasladó el deseo del Ayuntamiento de Burgos de contar, en los meses de verano, con una ruta entre Villafría y Tenerife sur, al estilo de las que tienen, por ejemplo, Salamanca y Valladolid, también con Air Europa.
La idea fue acogida con entusiasmo por el cuerpo directivo de la empresa aérea. Su primera labor consistió en recabar los datos de las agencias de viajes que gestiona en el área de influencia de Villafría. Los resultados que obtuvo pusieron de manifiesto que la operación no solo era viable, sino muy recomendable desde el punto de vista económico. El número de viajeros que en esa época eligen como destino Canarias y que provienen de Burgos y cercanías serían capaces de sostener por si mismo la mencionada ruta.
Una vez aclarado el tema económico, pasaron a analizar la posibilidad desde el punto de vista técnico. Para ello utilizaron la aplicación informática que se utiliza en todos estos casos y cuyos resultados son de obligado cumplimiento para la aerolíneas.
Fue ahí precisamente dónde vino el problema, porque al introducir en el programa las variables del aeropuerto (longitud de la pista, altitud y condiciones meteorológicas medias), junto a las de la ruta deseada el resultado no era tan positivo. Al parecer, la configuración de unas instalaciones de carácter regional y lo extenso de la ruta -más de 2.000 kilómetros, por lo que necesita una buena carga de combustible- obliga a reducir el peso máximo de cada avión.
En la práctica, esto se traduce en que se perderían muchas plazas en los dos modelos de aviones que Air Europa destina a este tipo de conexiones. Tanto el Boeing 737, con 180 asientos para pasajeros, como el Embraer 195, con 122, sufrirían una importante merma en el número final de viajeros que podrían transportar. Hasta el punto de que no hace rentable la operación, por lo que desde Air Europa desestimó la posibilidad que había alentado en un principio.
La noticia ha caído como un jarro de agua fría en el Ayuntamiento, ya que invalida cualquier conexión de larga distancia. Su primera tarea ahora será intentar convencer a los responsables de la compañía (de la que destacan su seriedad y buen hacer a la hora de elaborar el informe) de que cambien de opinión. Al mismo tiempo, se dirigirá a AENA solicitando que agilice la ampliación de la pista del aeropuerto burgalés, tal y como establece el plan director aprobado en el año 2000, cuando este organismo asumió su gestión.

R. Briongos / Burgos.
Diario de Burgos, 13 de Marzo de 2009.

Como el medio citado es bastante benévolo con la realidad del Ayuntamiento pperasta, me veo en la obligación de contrastar con otro titular o punto de vista…

El aeropuerto de Burgos no puede admitir flota de carga por su escasa longitud de pista.

Los príncipes azules no existen. Sé feliz, mujer.

A mediados de los sesenta, dejó de asistir al colegio.
Cuando su madre iba a lavar al río, ella debía quedarse en casa, preparando la comida y haciendo las tareas típicas diarias de los hogares pobres, en la posguerra española.
Empezó así, faltando de vez en cuando a clase. Con doce años ya no volvió.
Era la segunda de cinco hermanos en el seno de una familia de pastores.
En realidad, ella se sentía primogénita. A su hermano mayor “le temía más que a un nublao”, no había una relación de cariño fraternal. La daba órdenes y “la volvía la mano” si le llevaba la contraria.
Los privilegios que otorgaba el machismo, eran observados, impasible, por su madre. De hecho la infancia que ella tuvo fue aún más dura, era la disculpa recurrente.

Recibió tantos palos ya de niña, que con quince decidió salir del pueblo. Como tantas muchachas de su generación, se marchó a servir a la capital.
Contaba miles de anécdotas de sus años de doncella en el Feygón. Muchas de ellas tienen relación con mi visión de la clase rancia de la aldea. Gente que va a misa todos los domingos pero que a diario jode al prójimo más débil a su alcance…
Lo más triste es que ella, desde su asumida y frustrante ignorancia, recordaba con cariño a varios de ésos hijos de puta que limitaban su ración de carne a la hora de sentarse a comer.
Así conoció al padre de sus propios cinco hijos. Una persona también maltratada por la guerra. El futuro suegro había estado exiliado varios años y de regreso internó a la madre. En consecuencia, él vivió también una infancia de seminario franquista y desprovista de afecto paterno. Esto marcaría a fuego a sus hijos en los años de convivencia conyugal.
El día de su boda ella estaba disgustada. El corte que la peluquera había perpetrado contra su larga melena negra era uno de los motivos. Otro era que iba al altar embarazada y la daba vergüenza mirar a su padre, al que adoraba, a los ojos. Y otro era la manifestación explícita de su hermano desaprobando que se casara con ése.
Ella tenía 18 y él 21 años.
¿Cómo iba a saber ella que el hombre a quien amaba la causaría tanta desdicha?
Era una niña, como tantas de su generación, que salieron de casa pensando en hacer realidad sus sueños, y, huyendo de la pesadilla, se toparon con supuestos príncipes azules. Creían, con todas las ganas, en aquello que las inculcaron, en crear su propio hogar con sus reglas propias más justas. Se prometían no hacer lo mismo con sus hijas.
Y un buen día se vio sola. Sola y mal acompañada, puesto que su soledad estaba en la lucha.
Siendo como era ella, no podía permitir que la indiferencia de él hacia su propia sangre, afectara a sus hijos. Discusiones, reproches, depresión…
Incansable, nunca se rendía, capeando la violencia verbal y física y cayendo en ella irremediablemente.
De modo que cometió graves errores: sus hijos varones estaban impregnados… a menudo no la comprendieron, justificando las agresiones de él.
Su hija mayor tampoco se vio a salvo: las peleas con sus hermanos en la adolescencia eran frecuentes. Ellos creían justo que si trabajaban y ella “sólo” estudiaba, la comida o la colada eran responsabilidad de su hermana, así como estar las 24 horas del día cuidando de la benjamina.
A estas alturas, el agotamiento había hecho mella. El cansancio de vivir estresada siempre, fue acumulándose como los granos de un reloj de arena.
Ella hacía endiabladamente bien todo lo que le enseñaron por su condición de mujer…era la mejor cuidadora y la anfitriona más acogedora jamás vista…
¿Y si hubiera podido estudiar también, como siempre quiso?
Pero, dentro de lo aprendido, faltaba el cuidado de sí misma. Enfermó y se fue apagando.
Y se fundió, como muchas otras de su generación, derrotadas por el machismo sólo si no se las recuerda.
Y yo, a ella y a sus hazañas, las recuerdo todos los días.

Felicidades a todas las mujeres, por el hecho de serlo.