Independencia.

Hace cuatro años. Mucho más. Yo me he auto engañado, como todo el mundo alguna vez.

Me declaro independentista. Desde ya. Desde el corazón y desde la razón.

Me declaro abiertamente favorable a que una mayoría no decida sobre la conveniencia de la dependencia o no de una minoría.

Me declaro hastiada del ‘depende de’. No en cuanto a relación matemática o física, en los más puros términos algebraicos, sino en el asunto de la traba, en la obstrucción, en el inquisitorial intento de impedir una decisión ajena, en el momento de llegar a un acuerdo en el que la concordia ‘depende de’ los deseos o necesidades de una de las partes.
No es cosa del terruño, que también, aunque dentro de la generalidad, sí hay una relación matemática que cuenta lo suficiente como para que la cosa patria quede en segundo plano.

Me declaro abierta y contradictoriamente independentista de todo aquello que cause situaciones dolorosas y exentas de toda lógica.

Me declaro odiosamente independentista según…

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