Abuela Agus.

Siempre ella en mis pensamientos. Pero a cada día que pasa, su recuerdo se hace más nítido, paradójicamente. Tener la sensación, cuando te acercas a la edad de su marcha, de que la historia se repite y que tienes la oportunidad de dar un giro. La oportunidad que ella no tuvo.

Siempre, incluso en mis épocas de mayor actividad en la blogocosa, fui inconstante y vaga. En ocasiones no se trataba, para ser justa conmigo misma, de pereza o ausencia de ideas para escribir un post decente.

Cuando volví a escribir esta dirección en la barra de google hace un poco más de una semana, lo hice con la intención de echar la mirada atrás. Buscaba emociones de cualquier calidad. Daba igual si eran tristezas, risas, alegrías o tal vez rabia descontrolada. Buscaba un baño de ensimismamiento para salir de mi yo cotidiano.

Fue así como me percaté de una singular cuestión. Ha sido de esa manera como pude ver en qué grado me ayudaba este rinconcito mío que era compartido con pocos pero muy buenos.

Pasan los años y resulta que no sólo te has casado y has sido madre de dos personitas. El paso del tiempo, ese juez implacable pero también…

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