La hija pródiga.

Ha llegado el momento. Se cierra una etapa de búsqueda, encuentro, estabilidad y de nuevo desencuentro. Con las personas, con los lugares, con la manera de desarrollarte y sacar partido de tus capacidades.

Fuiste feliz. También hubo espacio para el dolor. Mucho menos que allí pero demasiado para ser aquí. Siempre el rejo kilométrico, hurgando en tu corazón, cavando en tu vida a distancia. Y cagando, cagándotela también, por qué no decirlo.

Hubo un tiempo nada lejano en el que pensabas que te sacaban de este trozo de tierra con los pies por delante. Pero es ahora o nunca, el momento en que sabes que, o lo haces o ya no lo harás.

Es dramático y ha llegado el día de poner en la balanza ventajas y desventajas del sitio en el que nací con respecto de las del cachito en el que debería haber nacido, por amor infinito a este lugar en el mundo.

Y ya no soy yo, somos las dos pródigas, a kilómetros de distancia. Una de nosotras hizo el periplo varias veces: Burgos-Barna-Burgos-Gotemburgo-Burgos-Lanzarote. Otra solo de la aldea a la islita. Pero ratoncillos en estampida nos representan. Y necesitamos mucho sosiego para no escondernos en el rincón.
En uno de estos retornos ella se topó con el primer vampiro emocional que la dañaría.

Y no puedo olvidar, ni lo haré jamás, cómo mis hermanos, los que debían protegerla y estaban más cerca que yo, con una clara encomienda además, observaban callados mi faz de desolación, esperando probablemente la explosión de ira, cuando al acudir a Burgos con ella tras saber lo sucedido, entré guiada por ellos en el antro en que se ganaba el sustento para pagarse un alquiler lejos de quienes deberían haberla cuidado.

Vamos allí. Llevaré a mis hijas al foco del dolor, al origen de su propio origen canario.

Y no será sencillo.

Hay mucho rescoldo aún que necesita de poca corriente de aire para prender.

El infante siniestro.

¿Has mirado a los ojos de una madre que acaba de perder a su hija y no hace sino quejarse de sus magulladuras y bromas infantiles sobre el maquillaje de la cara que le ha dejado el accidente?
¿Has mirado a los ojos de un padre que se desentiende emocional y económicamente de sus hijos pequeños?

Soy atea, pero ella repetía mucho: “Dios los cría y ellos se juntan”. Su filósofo de cabecera era el refranero. Tiene tantas lecturas y referencias posibles esta idea que siempre gana la recia sencillez de la que te decía lo mismo a su manera y, eso sí, filtrando bien lo mejor que le dieron.

Si no has mirado a esos ojos y no conoces la historia que hay detrás, de maltrato en la infancia, creciendo apresuradamente, una porque tiene que prostituirse desde pequeña para sobrevivir. El otro es uno de los niños olvidados del franquismo, abandonado, con graves carencias afectivas desde crío.

Historias que el cine no cuenta, o cuenta poco, o los personajes son gente acomodada, ya no hay muchos Paco ‘el bajo’. O que están incompletas. Te cuentan “El Bola”. Pero no te cuentan que el Bola intenta suicidarse con treinta y tantos porque no es capaz de amar. Sólo ha conocido palos.
Te cuentan un fragmento generacional.

Hay maravillosas excepciones, claro. Pienso en “Solas”, que es una obra maestra del género dramático y una joya de nuestro cine que brilla de manera especial. Por muchas otras cosas, como la ausencia de moralina intragable, habitual cuando en la temática hay crítica social. Eso se evita mediante la presentación cruda de unos personajes que apenas llegas a conocer un poco al final y que no son atractivos, en el sentido de resultar simpáticos. Son amargados sin ambages, no te pone de su parte haciendo trampa con el encanto personal ni mierdas. También está la crudeza descarnada con que muestra la adicción al alcohol, consiguiéndose incluso un personaje más que lo envuelve todo. El desarrollo de los hábitos nocivos como un tufo que envuelve la cinta, hasta descubrir el origen de las cosas en el núcleo familiar asfixiante. Cuenta de cómo y por qué el progreso es lento, todo lo que hay que des-programar, que se ha de filtrar e identificar como errores de los ascendientes. Definitivamente hay que verla, mínimo, tres veces. Cuanto más abres la panorámica de esas generaciones anteriores, presentes y futuras, más datos abarcas, mejor se comprende todo.

¿Es responsabilidad del seminarista hijo de rojo exiliado, que lo abandonó para dejarlo en manos de la familia materna que lo internó, lo que hace en su vida adulta que afecta a terceros que dependen de él porque él los puso aquí? Sin duda. Sobre todo porque son inocentes de lo acaecido cuando no estaban.

Infantes siniestros, tanto por carencias afectivas como de atención a las necesidades, teniendo de todo o no teniendo nada, suelen hacer adultos irresponsables, como lo son aquellos que moldearon antes fríamente, sin pensar en las consecuencias de su desapego.
Si nada ni nadie se topa en el camino y lo remedia, serán también caprichosos y perturbadores narcisistas, siniestros y egoístas, siempre anteponiendo sus deseos y necesidades a los del resto.

A los nuevos guerreros hay que cogerlos en brazos y darles calor, amorcito.
Y risa, mucha risa con humor negro a tutiplén. Porque tus ojos ya han visto incluso “el vivo al bollo” con una criatura de cinco años tras un accidente mortal con el alcohol como artista invitado en el evento. Y toquen madera, para no tener que comprobar que esa era la única salida posible al dolor.

A los que vienen, siempre amor. FUCK VOX.

Cartas sin destino, letras para nadie (VII)

LOS PRÍNCIPES AZULES NO EXISTEN, SÉ FELIZ, MUJER; PRIMERO VUELA, ANTES DE ATARTE AL MISTERIO. NO TE DEJES TRAGAR POR LA FE Y EL CHAMANISMO. ENDORFINAS Y EVIDENCIA.

Después de una tregua breve, comprobado lo fundamental, que sufres y la otra parte calla, solo queda el abandono. Dejar de idealizar, para así poder tirar la toalla.
Ya no estés diciéndote a ti misma que necesitas aclarar. No sirve. Has de volver al punto de partida. Negarlo todo habrá de ser tal vez el camino.

Quizá así, por orden cronológico:

No, no te vio entre la multitud, fue casual y un disfraz loco como avatar.

No, no pretendía advertirte ni salvarte de nada. Simplemente se sentía solo. Verdaderamente te habló por privado “a lo que surja”.

No te sacó de allí y, en realidad, él tampoco se había ido.

Seguimos rodeados de gente mala, eso no ha terminado. Ni terminará, obviamente, nunca.

No, no es un ser infinitamente sensible, ni tampoco lo contrario. No te lo flipes, no tienes ni idea de quién está detrás de los personajes de las redes sociales. Deberías saberlo de sobra y haber espabilado desde la primera vez que te jodieron ahí, decepcionando con sus dobles caras. Para trabajar la fobia social hay que dejar de poner las expectativas por las nubes. Porque no, efectivamente, no sabes de los problemas de la gente ni ellos saben los tuyos. Y siempre cuentas de más a la persona equivocada.

No, no era verdad que era igual fuera que dentro. Fueron horas, pero lo viste. Ahora no sabes absolutamente nada de él. Es lo que tienes que pensar.

No es el personaje que creó y no sabes con quién estuviste en junio. No hablasteis, no puedes seguir enamorada de alguien que no conoces. Si no conoces, no confías. No puedes entregarte así, eres más frágil de lo que te gusta reconocer.

No, esto no son mensajes a la desesperada, buscando una respuesta o reacción que no llega. Ya sabes que no. Ya lo has comprendido, que no llegará. El tiempo es inexorable y siempre me ha vaciado de romanticismo esa ínfima certeza.

Es cierto que no ves el horizonte con él, quizá porque no lo hay.

Ni platónico ni tangible, hablar de responsabilidad en las cosas debía haber sido el punto de no retorno. El fin de los ofrecimientos. No lo quisiste ver. Pero te parece deshonesto dejarse querer, no detenerlo con franqueza, porque de ahí ya, entregada a la irracionalidad del deseo, no has podido parar, hasta el día de hoy, con esta carta, de hacer chiquilladas y piruetas para conseguir algo que no llegará. Y no llegará no porque la propuesta no le sea apetecible a casi cualquiera, sino porque ni siquiera la valorará.

No la cree ni la vislumbra. No sabe, no has podido contar. Ya no quieres. Todo está viciado. Sabe mucho más de tus padecimientos de lo que querrías. En realidad tú la has cagado.

No eres quien cree pero ya da igual todo.

No sabes qué piensa en realidad sobre ti. Pero ya da igual todo.

“La realidad está distorsionada”; no estás hecha para vivir en el “quizás, tal vez…”

No es tu chance. Te sacó del ensimismamiento y parece que considera que su “misión” está cumplida.

No eres novata en las lides del flirteo, sí en caer en las garras del deseo extremo, intenso. Te lo sacarás, recuerda tu resiliencia. Con eso cuenta él, otra vez cínico, lo ves, como aquella noche con la noticia del divorcio.

No quieres ya ver en sus cagadas, hechas palabras que confunden, un amor que oculta, para que no hagas planes con él en tu cabeza.

No, claro no es. Tú sí. Otra vez con la misma canción. Ni quiero ni puedo.

No, no soy una pequeña mamba, ya crecí.