Corazones Terrón.

(Por si las dudas)
Ese día. Ese día me rompí un poco más. Además de la felicidad de tu piel, ocurrió.

No eres responsable de esto. No lo sabías. Recuerdo una vez que hablábamos de ser más o meno auténticos en la red. Está marcada a fuego esta conversación en mi mente por ser tras nuestra primera reconciliación tras un desencuentro importante. Yo te decía que si eres transparente en Internet, das armas al enemigo, te conviertes en vulnerable diana, eres blanco fácil de la hostilidad. Tú decías que eres igual fuera que dentro y te contesté que yo también, pero que me traía problemas. Pero, hoy… permite que lo dude.

No porque no crea en ti, en tus palabras, en tu honestidad que infravaloras. En quien no creo es en mi. Desde hace ya demasiado tiempo. Porque cuanto más brava y rabiosa me muestro virtualmente, más rota estoy. Y solo estoy bien, de verdad, cuando domina el tono jocoso en mi expresión. Aunque ahora resulta que de eso, dependiendo de con quién te topes, tampoco te puedes fiar. El humor cuando realmente es cinismo, como modo de vida, es una pantalla, un bluff. También es algo que se puede ver con facilidad en el narcisismo enfermo que recorre las RRSS. Humor como pose. Para joder al otro o a la otra a los que tienes tirria. El “dientes, dientes, que es lo que les jode” pantojil.

Total, que voy de dura y soy de blandiblú por dentro. Un chicle de esos relleno con jarabe repugnante, que está como un leño por fuera, hasta el punto de que te puedes dejar un piño a la primera masticada. Esa es la realidad que me dificulta la relación social en redes hoy, además de mis problemas de control de la ira. Me duele la falta de empatía puesta por escrito a diario por tanta, tantísima, demasiada gente. Pesa tanto que te olvidas de los buenos con demasiada frecuencia. Es malsano. Un remolino de confrontación imparable, a cada nueva cuenta que se abre. Porque son reflejo de lo que se VIVE, con mayúsculas intencionadas, fuera, muy a mi pesar. Y digo esto porque la realidad supera a la ficción y también a la mierda que aflora en las redes sociales.
Lo que me lleva a una conclusión desesperantemente negativa y pesimista, como yo misma aún estando de buen rollo, porque mi favorito es el humor negro: QUÉ JODIDA ESTÁ LA GENTE DE INFELIZ Y NECESIDADES BÁSICAS NO CUBIERTAS (véase salud mental o física, techo, cacho de pan que llevarse a la boca incluso, AMOR…)

Aquel día, cuando detuviste mi reproche, amor, habría necesitado saber al menos, de tu voz, que finalmente querías estar allí. Que he sabido después que sí, quizá, pensando en tus palabras y tu manera de actuar. Pero el silencio lo envolvió todo y todo fue más tierno por eso, a pesar de las circunstancias y el tiempo TAN ESCASO.

Y soy frágil. Insegura. Sentimentaloide, con deje despectivo por los líos que me trae. Cada día más, se me antoja, en el último año. Casi a diario tengo motivos para sentirme un felpudo. Y todos los días tengo motivos para luchar contra mi cabeza y decirme “No, los tengo bien plantados, yo puedo, yo voy a poder con esto porque he pasado mil y una ¡anda ya…! ¡Soy la hostia en vinegar!”(…)
El exceso de responsabilidades prematuras me ha convertido en esto. En alguien que se auto engaña y auto anima a diario a seguir por el camino del resquebrajamiento. Pero no podrán reprocharme que no pido ayuda y no muestro ese lado salvaje, animal, hostil, de herida abierta.

Para la lucha, estoy sola. Ya puedo espabilar porque esto es un deja vù en toda regla, adaptado a los tiempos, pero vivo lo que mamá. Y en este punto era donde el cruce de caminos es decisivo para el final de la historia.

A los corazones terrón sólo les salva el AMOR PURO. El deseo trufado de ternura, la risa sincera y el interés real por el bienestar del otro. Es sólo querer que rías, que no estés triste. Y aprovechar los round que haya. Cuando los haya. No dañarte con mi verbo ni mi indiferencia, ni por nubarrones propios ni extraños, de quien me pise antes de cruzar el umbral de mi alma. No soy un felpudo, pero me apaleo. No me valgo, tengo miedo de herir y abro las púas.

Los terrones en el café caliente y amargo se disuelven con facilidad. Como mi corazón.

Publicado por Raimunda

Este alter ego es un homenaje a las mujeres Calvo. Y el blog entero está dedicado a la memoria de mi abuelo Raimundo y de su hija, mi madre, Agustina.

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