Furtivos.

Borradores de twitter* no publicados. Hoy, en este post.

Porque cuando estoy ansiosa, -en realidad justo después de las crisis de pánico, no durante-, consigo ser lo suficientemente consciente de que no quiero verter ciertos pensamientos, emociones y trasiegas de mi vida en esa red social.

A quienes quiero acercárselos lo intentaré a mi manera, en documento en blanco sin límite de caracteres, con posibilidad de edición, reposada la inmediatez, tras la reflexión.

Siempre fui lenta. Fiel al refranero utilizado habitualmente por mi madre, para transmitirnos sus valores, recibidos también de mi abuelo, “vísteme despacio que tengo prisa” combinado con “sin prisa pero sin pausa” son filosofías vitales para mi; contrapuestas a la velocidad de palabra de hoy en Internet. En las conexiones a distancia, en general.
Todas hay que gestionarlas con acierto, pero WhatsApp en particular, me mata el equilibrio emocional, es una red que me crea un gran malestar y hay personas que la utilizan de manera funesta, demasiada gente, para mi disgusto.

Pero no hablo de eso, sino de los casos en los que deseas recibir respuesta de alguien. Y no llega. Y depende de cosas que no están en tu mano que la recibas antes o después. Rápido o desesperadamente tarde para tu equilibrio emocional… y tras de ello el hormonal. Bioquímica pura. No falla, pero nunca en mi vida me había sucedido que me provoquen desregulaciones en mi ciclo de diez días.
Pasó aquella noche furtiva, pasó tras aquella, la última, que pretendió ser una ruptura sincera, y que aún no sé con exactitud cuánto dolió y me duele, por tanto, hasta que no lo aclare bien. De esos días alejada son los tuits que no di a enviar. Y me alegro de reservarlos para quien tenga interés en leer aquí.
Cuentan del torrente de emociones que se me ponen en marcha, del difícil equilibrio que supone todo hoy en mi vida. Pero qué si no es la vida, sino emocionarse.

Aparece en mi vida hoy de nuevo. Me escribe, como cumpliendo con el trámite de una petición de hace días, preguntando por su salud. Respondo escuetamente. A los 20 min no puedo evitar enviar un audio. A los 10 min, viendo que está en línea, tras escuchar, comienzo a escribir.

Otro mensaje eterno, que borro y edito en su inmensa longitud. Él sigue en línea. No lo puedo saber con certeza pero le conozco creo que suficiente para saber que está expectante. Que desea leerme y verme bien. No sufriendo y desesperada, como estoy, en realidad, por saber de él.

Sin deseo no hay amor. No siempre es que te escriban. También es responder. Y el tipo de respuesta. Saber que latir juntos no lo deseas con cualquiera. Temer que haya acabado aquí.

**Estos hipotéticos tweets no fueron enviados a finales de septiembre, sin ser necesaria mayor precisión, ni de tiempo ni de espacio.
***Este post es un tributo a Bo, “Bosita”, que se escondía de todos, un tiempo, menos de mi, y fui la última en verla. Se fue también, a finales de septiembre de 2019. Echaré de menos siempre buscarla.

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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