Errores de interpretación.

Escribo para mi. En mi imaginación y recuerdos me encuentro a salvo.

Ese es mi objetivo difuso. O debería serlo. No escribir pensando en que me lean porque entonces distorsiono mi realidad vital. Y cuanto más cruda y transparente, más honesta me siento conmigo misma.

Si dirijo mis letras a alguien están guiadas por la necesidad de aceptación, aprobación o incluso las ganas de pisarle las tripas. Pero no lo consigo igual, paradójicamente, y a la vez no es lo que busco.

Tampoco mi identidad, ni un estilo concreto. Rebusco en mis experiencias vitales, tratando de acercarlas porque la realidad supera la ficción, y estoy convencida de que no solo no soy la única que sufre, sino que habrá mucha gente que si llegase aquí se sentiría reconfortado. Animado a juntar sus propias letras, palabras y frases. A narrar lo que le pete y le haga feliz o al menos le alivie el peso.
Pero que se exprese y de alguna manera busque la forma.
Porque quien siente se inspira y es la tabla de salvación en esos momentos oscuros, que abarrotan de nubes mi esperanza y coraje innatos.

Y si puedo sentir inspiración aún para salir a ver la vida de colores que nos ofrece lo que nos rodea, y que nos empeñanos en no ver, escondidos tras el negro sobre blanco, tras nuestras miserias humanas, que se exponen obscenamente día a día, curados todos de espanto, en esta maravillosa, porque yo la amo, sociedad hiperconectada, mejor aún.
“¡Nos rodean astros y planetas, celebra! ¡El océano, RAI” me digo a mi misma a veces, como para despertar el resquicio de entusiasmo inocente e infantil.

Esa inspiración la inunda el pánico. Muchas veces. Casi todos los días, cuando estoy muy afectada por un evento emocional inesperado. Da igual si he sido yo quien no ha controlado mi impulsividad o si de verdad hay motivos de peso.
Mi sesgo es el autoengaño. Una palabra puede suponer el error mayúsculo que me conduzca a interpretaciones que no se corresponden con lo que es la realidad. Por eso estoy alerta. Intermitentemente. Cuando se cruza la ansiedad, justo después, tomo decisiones drásticas. Pero la ansiedad siempre se relaciona con esos eventos emocionales imprevistos. Da igual de dónde vengan. Pagan justos por pecadores. Y entonces también entra en juego el miedo de explotar y de hacer algo peor que bloquear y desaparecer. Esa parte oscura de mi, pendenciera y sibilina que trato de reprimir antes de no poder contener el fuego de dragón.

Así ha de ser. Escribirme. Contarme.

Yo soy el destinatario. Yo soy Nadie.

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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