Separada, soy materia inerte.

Aprendiste muy pronto a guardarte las cosas.
La primera vez que te dio fuerte por un chico, ya se había enamorado de él primero tu mejor amiga. Desde entonces sabes también, de la existencia de personas para las que su propio reflejo en el espejo es más importante, por ejemplo, que la amistad de dos chicas, quienes, irremediablemente, quedarán marcadas y heridas, desde el paseo por sus vidas de estos narcisistas incurables.
..”

Le dijiste que habías vuelto a la adolescencia. Un mensaje breve que encerraba muchas incógnitas por desvelarle. Él parece tener un desánimo especial por el tema de la distancia.
Eso no tendría ningún sentido si supiera que te sientes así porque tuviste tres amores, entre los trece y los dieciséis años, a bastantes kilómetros de casa. Te carteabas por correo ordinario con los dos primeros y con la hermana del tercero, guapísimo, de los tíos más guapos con quien has estado y el único que te parece así de atractivo, siendo rubio de ojos claros, y que era más sencillo que un ocho, el tío. Majísimo.

Obviamente, en esa época ibas aún de vacaciones, en Semana Santa, Navidades, puentes, quincenas, en verano, al pueblo, el último en el que vivieron los abuelos, donde nacieron los tíos pequeños y pastoreó él por penúltima vez. La última fue ya trasladado a Burgos, en Villafría
Murió teniendo tú once años y no llegó a conocer a la benjamina. Entre los nueve y los doce estuviste tiempo sin volver. Y cuando lo hiciste, ibas invitada por la mejor amiga de mamá, Juli, que a su vez era la madre de tu mejor amiga. Estaba enamorada del que te putearía por coquetear con ambas y confundirte. Te retiraste, claro, como no podía ser de otra manera.

Ese año, en verano, la hormona ya no aguantaba, efervescente. Antes de cumplir los trece, organizasteis una acampada y perdiste la inocencia. Con el hermano. Mucho y bien. No sólo nunca te arrepentiste, aunque era un poco cabroncete, como el otro de la saga, sino que crees que ha sido clave en esa des-inhibición tuya de serie. Lo vio, lo aprovechó y te enseñó bien lo aprendido en los primeros lances sensuales y sexuales.

Eran vascos los tres, los dos primeros hermanos, de la periferia de Bilbo.
El “Julen guapérrimo”, de una zona rural industrial bastante abertzale, donde tenéis familia de la extensa, migrantes “desertores del arado”, como los llama otro amigo tuyo, con el que estudiaste (también a sí mismo, jajaja, ¡ay! ♥ Jesu).
Los tres muy espabilados, en contra del tópico, siempre cuentas. No sabes si será aplicable más a las vascas, pero no lo crees. Al menos las que tú conoces, tienen bien poquito de monjas. Y si acaso, las afincadas en Burgos, serían. Alguna hay, SÍ.

Al “Julen” lo conociste yendo a Bizkaia en fiestas, era hermano de una chica de la cuadrilla de tu prima vasca, de tu edad, hija del primo segundo de mamá, que era un clon del abuelo Raimundo, pero en joven. Te da un vuelco al corazón cálido, cuando recuerdas.
Cuando llegabas a Zaldi, te recibían en casa y te ponías a merendar con Ni. y Yo., –a veces también estaban ya Da. y Ja., llegados de trabajar-, poniéndote al día de todas las novedades desde el último año que les visitaste en fiestas y también contando tú cómo crecía la peque y os iban las cosas por “Mordor City“.
Y entonces aparecía Vi., Q.E.P.D.: Te miraba desde la puerta con el lagrimal medio inundado, con su sonrisota en la boca y sus brazos esperándote abiertos de par en par, para soltarte a bocajarro emocionado que eras “la viva imagen de tu madre con la niña bonita”, los quince años, como les gustaba a ellos llamarlos. Y enseguida recordar sus andanzas de quintos en las verbenas de su propia juventud.

Esa calidad humana, cuánto la echas de menos, ¡joder!
Ese primo favorito de mamá que siempre supiste tan especial para ella porque se entendían fabulosamente bien, igual que, es curioso, tus hermanos y tú adorabais a los hijos de Vi. y Ni., y ellos a vosotros.

Saber que no siempre está cerca lo que te hace feliz o tener miedo de perder su cercanía, ese monstruo que te pisa los talones.

Que te mataría en vida.

No se repetirá, que esperen las hienas.

Ahora te toca. Sigue adelante.

Que alguien me recuerde,
cuando me despierte…
dónde deposité mi otra parte…
que al alba encendido

y al calor perdido
separado soy materia inerte…

separado soy materia inerte…
separado soy materia inerte…


separada soy matera inerte | Autoterapia | Izal 2018

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