Mujer no es primero.

Tengo planes para nuestra historia, para mí de amor, para Ti no lo sé, quien tiene derecho a definir lo que está en su cabeza y en su corazón es sólo uno mismo. Son planes muy humanos, de necesidad de trascendencia de nuestros ídolos y ejemplos a seguir. Pero la necesidad más imperiosa en mí está del lado paliativo. Necesito calmar este dolor de no tenerte en mi vida, de no saber qué escuchas, qué lees, quién bebe de tu pena y si es suficiente para darte abrigo al alma. Si el placer que obtienes de recordarme al amanecer y en nuestros momentos más intensos es suficiente cuando tienes frío. Para mí no es, nunca será; algo se rompió cuando dijiste “prométemelo“. Fue la sentencia de muerte. La confirmación de que era el adiós definitivo. Y hay una parte de mí ahora que se niega a aceptar lo que eso significa. Tus prioridades no son las mías y no habrá reencuentro. No me dará tiempo a llegar a ti, los problemas nos seguirán rodeando. A cada uno los nuestros. Quizá ya lo estabas viendo mientras yo elucubraba, como tú decías que hago. Aunque no, porque mi vida es cíclica, un puto bucle. También que tu experiencia vital sea más rica que la mía en estos lances, no lo sé. Pero la mía llega siempre al punto de tener que dar media vuelta porque otros necesitan más de mi sacrificio. Temporalmente… Y yo lo he asimilado ya como normal.
Y las personas somos un mar de complejidades…
Esta sirena se ha perdido en tu temporal, que vino después de la calma chicha, tras cada pequeña muerte…

Pienso ahora, tras teclear sobre la petite mort, en si escuchaste el último canto y en que te pedí que me contaras tu parecer cuando lo hicieras. Y en que he cerrado todas las puertas con llave y no sé si tu copia no entra por la cerradura porque no hay audición, -lo que me supera y enoja, perdona a esta estúpida, amor…-, o porque no abrirás ya más la puerta.
Mis juegos infantiles, también, en ese proyecto lírico secreto. Que tendrá que ser secreto, clandestino, como la mamba camuflándose entre las ramas de su mismo color.

Siento descargas eléctricas cuando te acercas a mi


Pero siempre en retirada, nunca la lucha es por mi felicidad plena si he de negar una parte tan importante de mi.
Y pocos lo ven.
¿Que prometa? Nada me sería más fácil que mentir de palabra con eso.
Y no hay puentes sencillos entre el fuego y el hielo.

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