De corazón herido no esperes redención.

Olvidar.

No poder hacerlo.

Intentar ser yo. Que no se quede callado quien quiera vivir feliz. Intentar ser feliz, sin callar lo que está dentro, y sentir que el recelo ha poseído al contrario, incrédulo de lo hallado enfrente.

Me siento vacía por seguir las enseñanzas del enseñante, por tener rabia al silencio. A ese silencio cobarde que contribuye a la injusticia, al escarnio del más débil o el más lúcido que, aunque fuerte, tiene puntos débiles en los seres que ama. Así que se bate en duelo por poco rato, solo el necesario para ver el percal, los métodos sucios y bajos y prudentemente, por los suyos, anuncia su retirada.

Así es como se abre paso la mediocridad, disfrazada de grandeza, apuntándose tantos que no le corresponden, como cuando doblemente se hincha el pavo del patrón, una cuando te ficha, por ser una fuera de serie, otra cuando te vas sin hacer ruido del antro del conocido rojeras, primero porque se te rifan y no chupas paro, y segundo porque es impopular llamar cabrón al comunista racista ante su séquito jesuítico. Todo ironías de la vida. Como aquel que era tan moderno y tan revolucionario de los colegas de cole del pariente. Hasta que exigiste respeto al cura que les daba Historia, porque está en el Facebook tocando los huevos con que cuándo le casaba por la Iglesia a tu Adán, se supone que contigo. A él solo, porque sabe que se casó por lo civil hace unos meses. Pero con quién y lo que opine ella sobre el particular es secundario. O terciario. Y luego lo repite en un concurrido foro en analogico, a la salida del paripé eclesiástico del cuñado tuyo. Y ahí sí que ya intervienes, y en su cara le dices que “creo que algo tendré yo que decir a eso, si no le importa, Don Grajo Cabrón de Sus Santos Cojones”

Si hablas de tu tío, el comunista, sube el pan también. Y que todos los que conoces que se distinguen por su intolerancia, su ranciedad sexo afectiva o su hipocresía galopante, han hecho del machismo un problema menor en su dialéctica, es un hecho indiscutible para ti.

Me siento demasiado débil hoy. Un poco derrotada, como mamá se sintió un día, pero no sé si tengo derecho a ello. Sí que sé y distingo la rabia en mi interior.

Esta es la primera entrada que escribo y publico a lo Lisbeth Salander.

Luego edito en el pc, ahora publico desde el móvil como esté.

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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