El amor cobarde.

El mayor misterio consiste en admitir, justificar e incluso negar las cosas que desde el primer minuto no nos gustan. Te has enamorado y de repente la malla de la criba tiene mayor diámetro. Pero en ese momento en el que transcurre la inundación de hormona sexual al torrente sanguíneo, no lo ves, está en un segundo plano.

Si es pronto, muy al principio, y estás atento a tu cabeza, ganando la sensatez al calentón de bajos, puede ser que todo se detenga a tiempo.

Habrá algo, una palabra equivocada en un mal momento, algún suceso que marque la pauta por la manera en que el otro actúa en relación a él, alguien que te recuerde tus propios valores cerca…

Voy poco a poco. Despiezando este amor. Hay en mi cabeza una linea temporal divisoria, que marca la diferencia sobre quién era digno de los dos en ese dilema moral que se presentó. Quién puso los límites y quién vino a derribar la barricada que estaba intentando a duras penas levantar contra ti, contra ese temblor que desata la inundación de los sentidos y nubla el cerebro, que transige con los juegos del aún joven corazón para amar, temeroso de los riesgos que pueda correr, pero asumiendo que esa naturaleza explosiva e irracional es lo que le define, como nuevo en las lides amatorias para las que sus funciones están específicamente indicadas…

Mayo. Siempre ese mes de mayo en la cabeza. Esa muestra de dignidad hecha carta, cortando con la absurda historia de dos almas en pena que colisionan y remueven los cimientos de la vida de cada uno. Ese “¡basta ya!” que no funcionó, que transgredió porque su ego le pudo. No la amaba pero tampoco quería que ella le recordara con esa imagen fría y pendenciera, de quien solo piensa en su propio culo. No, no lo quiso y, a cuenta de esta soberbia imagen de sí mismo, contestó seduciendo, no deshaciendo. Contestó pensando en que esa rapaz no quedara pensando que vaya chufa de tío era él.

Y no había nadie, en realidad. Me doy cuenta de que, la única persona que podría haberlo visto y haber hecho ese favor de contraste, no está en el antro. Desde hace muchos meses. Sin interactuar entre ellos, interactuaron conmigo al mismo tiempo en el momento de duda que se estaba produciendo en mí, en esos momentos. No lo puedo nombrar pero lo pienso a menudo. Uno de los míos, de los de siempre, que estuvieron desde el inicio de andadura en la red, muy pronto, formando parte de ese grupo de gente sin igual, variopinta, verdaderamente plural y con el objetivo de la cohesión de la gente de izquierdas de verdad, desde la humildad y el respeto al otro. Entre la que entró gente como la venenosa resbalante del antro e hizo su labor de gota de rocío que estalla la roca, al colarse por la grieta y dilatarse con el hielo de la noche. Y él es de esos. Y quien desapareció del antro, probablemente al descubrir, el primero de todos, que mi corazón les había traicionado y me había enamorado de uno de los enemigos de la unidad, era un buen amigo que no volvió, tras la última brega valiente que tuvo y le echaron. Es todo tan complejo y tan confuso ahora, con la mirada de la perspectiva, tras despertar del sueño. Tan ingenua me siento. Pienso en que le daba yo y él no me daba nada, en los últimos pases de baile escasísimos que dimos, para encenderme a mi. Yo lo deseaba al final; Él no me deseaba ya, quería librarse de la carga de conciencia. Por eso echo atrás la mirada y escribo todo esto del tirón, con prosa atropellada, de la mía. Pienso en el amigo perdido, fiel, leal, respetuoso con el estado de las cosas, y veo diferencias que antes no veía. Incluso veo similitudes entre mi tío el comunista hipócrita y machista, analogías que me hacen sentirme vencida invisible un poco. Un día me ganó el amor la batalla por la derecha, y estuve años con una persona que terminó transformando un poco mi ser. Enfermé en parte por ello. Y cuando he salido de eso, caí en las brasas del amor irracional, traidor, de algo que aún aborrezco más que lo dejado atrás, antes de eso.

Yo ingenua, tú un cobarde, Nadie. Y eso es lo más benévola que puedo ser. La alternativa es que no me amaras nada y yo fuera un trapo de usar y tirar.

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