Volver a la marea.

La admisión en Químicas, el aprobado heroico y las buenas notas de selectividad. La primera de la familia y Agustina hinchada como un pavo, cada vez que lo contaba a cada una de las muchas personas con las que compartió su alegría. Lo que no pudo ella.

La apertura del Resbalón, el “Día del Orgullo del Turista gay” y todas las payasadas, los eventos y buenos ratos y risas pasados en la primera aventura como autónoma con socia (y última) en el negocio de ‘Otros bares y restaurantes‘. Muchos sinsabores pero también una cena con sopa de marisco muy especial. Deudas y pavadas de novata que hoy te hacen sonreír con ternura, –“¡Y quién tuviera de nuevo esa edad…!”-. El balance es que saliste airosa y guardas buen recuerdo.

Tus compañeras. Con mayúsculas. Las guerreras, mayoría mujeres, claro: Gisela, Leti, las primeras, de ahí ya a Marta, la cocinera más amorosa, Merchi y Marino. Hace poco, de casualidad, hablaste con él por teléfono. Son cinco nada más, de los que puedas decir grandes compañeros, de los que no te dejan en la estacada. Es curioso, pensabas que más, en tanto tiempo, pero ves que no, claro, porque muy joven ya fuiste autónoma dos veces.

La apertura del ‘CAFÉ Zanetti, también. Todo lo que supuso y lo mal que estuve hasta que vi que salía a flote y por mi mano en la cocina, además. Fue una época muy bonita, llenando para dar menús a los currantes, en una pequeña cafetería de barrio orientada a las últimas promociones en construcción de VPO. Hasta que, entrando en 2007, la crisis acabó con el bonito sueño hecho realidad.

El Puerto de la Luz, de Las Palmas, iluminado en la noche, llegando en el ferry desde Algeciras.

Aquel primer polvo en el sofá de nuestro primer hogar en la isla, cuando acabábamos de cerrar la puerta en la cara casi al encargado de llevarnos hasta ella, porque era de la empresa para la que él trabajaría…

Senderos caminados con Audrey y baños desnudos en la marea, ganas de sentir la vida en cada poro. Que llegara la mambita, el primer verano a compartir. Compartir, con todo aquel que lo quiso, nuestra vida aquí. Los primeros atardeceres de asadero, con amigos.

Cuando dejó la empresa y emprendimos el otro viaje, ilusionadísimos. Y lo orgullosos que estábamos de los logros y las buenas críticas y acogida.

El positivo del predictor de 2013. Qué locura de sentimiento indescriptible, por más que tratara de hacerlo.

Los ojos de Candela, “Fueguito”, enfrente de mí, recién descubiertos para ella los de su mamá.

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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