Aterrizaje de una sirena.

<<Como mechar carne, sería… La pieza ideal: aleta. Una vez cocinada, separar el magro en tiras, mechas, hilos. Al gusto. Y salsear o guisar con sofrito>>

Deshilachar. Cuando se ha hecho el trapo hilos. Cuando mechamos carne.

Cuando de los restos del naufragio queda un trapo del velón mayor y no sabes si guardar ese trozo, ese retal sentimental, o echarlo a la hoguera con el resto de recuerdos que provoca la experiencia de la zozobra.

Tocar el suelo con el tren de aterrizaje, después de ver la isla y sus cráteres, rodeados por el océano, y ver un feo muelle de descarga y la actividad frenética de la hormiguita humana. Las bambalinas feas de lo que ha posibilitado ese viaje a un lugar soñado.

Una vez hice realidad un sueño. Grande, enorme. Después, hasta el momento más importante de mi vida, que fue la realización del siguiente sueño, hubo mucho camino andado entre medias. Y también hubo que bogar de manera coordinada. Y lo salvamos, el tramo jodido del trayecto, entre marejadas fuertes y calima con vientos a grandes velocidades.

Y la enorme fragilidad de un cayuco o nave precaria, de los que abundan en el ancho y enfurecido mar de una tormenta, llevará a los tripulantes a un estado de terror y desamparo en el que se salvará el que pueda.

La que queda en la nave tras la zozobra, sin chaleco salvavidas, sabrá nadar. Que nade.

Si no nada y se hunde, viviremos recordándola, toda la vida. No, tampoco.

La sirena sabía nadar, pero quedó varada en promesas de amor falsas, no ya del profundo, reconocido y presentable, no. De ése no. Simplemente del amor solidario humano. Está tan huérfana de empatía, la sirena, que ahora piensa que no debió salir a la orilla y gastar largas piernas para llegarle.

Se vuelve a la marea arrepentida de no mandarle a la mierda aquél día de junio a las 7 de la mañana, cuando se quiso echar atrás, sólo horas antes de recogerla en la playa.

¿Por qué no lo hizo?

Esas frases de ambos, previas, desasosegantes en distintas formas…:

Castígalo sin follar”
“Mejor nos quedamos con las ganas de follar”

Jueguecitos de cabrón con pintas ante tus ojos y la venda del amor, de triple vuelta y tela bien tupida.

Y el fundido en negro que no llega, la memoria aún no ha martirizado suficiente a la sirena con su estulticia y sus ‘porqués’

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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