Entretenimiento.

Se puede, y de hecho se debe, hablar de sexo sin amor. El sexo lúdico. El de las risas y el deseo, ¿recuerdan?

Hay personas que se declaran incapaces de esto, otras que, en el extremo opuesto, no sólo dicen poder desear follar sin implicación emocional, sino que dicen preferirlo, incluso…
Sin embargo, y a pesar de haber disfrutado no poco del sexo lúdico, sin estar enamorada de la otra persona, yo no me creo al segundo grupo. Son una sarta de cínicos y tramposos fantasmones, de quienes pienso, además, que tienen poca seguridad en sí mismos en estos asuntos amatorios. (O al menos pienso que no saben lo que dicen. Se me aparece la imagen en la cabeza de Bullock y Stallone en Demolition Man, cuando se ponen el casco para tener una relación sexual, ¡ay, madre!)

Esto lo digo, obviamente siempre desde el prisma de la propia experiencia y de la relación con los demás amantes conocidos. Pienso que por entender el sexo como que lúdico significara un ocio igual a lo puede ser un videojuego o echar un ajedrez, sin implicación de los sentimientos, racional y mecánico o biológico, sin más, todos estos casos de los que hablo, de SEXO SIN SENTIMIENTO tienen algo en común, atención, lean despacito porque esto es una revelación importante para mucha gente:


FUERON UNOS POLVOS DE MIERDA

El sexo lúdico no puede ser impersonal ni frío, como que fueras a un prostíbulo, para satisfacer una necesidad, sea de quien sea mayor la premura.

El sexo, aunque sea sin amor, requiere atracción física, porque si no es muy difícil que te apetezca comerte una polla. Y dentro de esta atracción física, que es más la referida a la química de las endorfinas y los mecanismos que se ponen en marcha a través de nuestro sistema límbico y nervioso, dependen de ese contacto, del olor de las feromonas, de la piel erizada y el tacto húmedo, caliente... del deseo que se ha encendido porque la otra persona te atrae.

Por eso una fotopolla, una fototeta, en una red social on line, como el antro, sin cara, sin palabras que atraigan previamente, sin persona detrás, es lo que más bajona le puede dar a alguien que disfruta de una adecuada salud sexo afectiva. Todo esto, en líneas generales, es obvio a poco que conozcamos cómo cada uno reacciona a ciertos estímulos en función de sus preferencias sexuales: los genitales sin alma detrás difícilmente excitan a nadie…

Siempre he pensado, desde que tuve mis experiencias sexuales no consentidas o consentidas pero desagradables después, desde muy chavala, que el sexo sin amor no existe. El sexo sin amor es mucho peor aún que la prostitución voluntaria o el trabajo sexual con contraprestación económica. Es una violación, en muchos casos, porque la situación vira, de agradable a abusiva, y había empezado bien. Hay tíos así, pocos, pero los hay.
Yo los he sufrido, pero no puedo detallar esta parte de mi vida aún porque sigo sin estar preparada para lo más jodido de todo el lote. Ni en psicoterapia ni en el blog, aunque Pandora lleve, cada vez más, esa trayectoria, irremediablemente, y por eso me cuesta tanto retomarla, con cada nueva entrega que publico. Es la catarsis profunda que mi mente necesita y llevo más de treinta años sin haber podido hacer.

Creo, tal vez de manera absolutamente simplista, por instinto, que el deseo sexual patológico elimina los sentimientos, entendiendo que desaparece también, con esto, la empatía hacia el otro, eliminando la existencia de los suyos, estén o no. Por eso, en puridad, el sexo lúdico no es sin amor. Es sexo sin querer una relación monógama o en exclusiva y celópata con el otro participante, PERO NO SIN AMOR.
Esto no está al alcance del entendimiento de quienes juzgan a los demás por su vida sexual íntima y privada. Los que niegan la conveniencia de defender que no pertenecemos a nadie. Y menos si nos aman de verdad, que será cuando nos concedan libertad para no tener que reprimir lo que en un momento de la relación queda enterrado como un tabú por parte de alguien: el deseo desigual de contacto físico. Porque esto es algo que no debería quedar nunca a expensas de la lealtad, que no tiene nada que ver con la fidelidad sexual de la abstinencia forzosa, en no pocos casos.

El sexo con amor es lo mejor que hay. Pero es finito, no dura siempre.

El sexo lúdico es maravilloso, pero aunque no esté la ternura, como en el primero, está el deseo y la consideración de desear que la otra persona se sienta también deseada, que es una forma de amistad preciosa, y que a veces puede dar lugar a relaciones cojonudas, sanas, duraderas, sin ataduras. Lo he vivido también. (Ahora se llaman follamigos).
En el insti me atraía con un pibe de mi clase, que era muy guapo, alto, moreno, y estaba loco por mí. Nos enrollábamos de vez en cuando, si nos encontrábamos por ahí de copas, de más mayorinos. Es gracioso, porque nunca fue comedido en sus formas; me hablaba sinceramente de que le gustaban mis tetas, a bocajarro, y no me comía la oreja con cursiladas. Siempre me gustaron sinceros, a mi la zalamería, para el ligue, me daba mala espina casi siempre (bueno…menos en una o dos cagadas…) Una de mis relaciones recordadas con más cariño, sin duda.

Y el sexo, sin sentimientos, es fuerza bruta animal, fin reproductivo o abuso, únicamente puede ser el sentido. De hecho lo es, aún todavía en 2020, para no pocas personas en el mundo, y de la mano de eso la doble moral, la pederastia, la violación dentro del matrimonio y los “cuernos” que hacen daño a las personas, solo con el propio uso del término, que anula completamente la posibilidad de que una persona no pertenezca a ninguna otra. Los abusos y las desconsideraciones en relaciones de asimetría, que dejan huella y duelen en los corazones despechados o ultrajados. La represión y sometimiento de la mujer a roles de esclavitud sexual, proceden de todo esto. El origen es el tabú y el desconocimiento sobre la propia sexualidad de cada individuo.

Tan desoladora es la conclusión de que el sexo sin amor no existe, salvo en la cuota del abuso, la esclavitud y la posesión ilegítima de unos seres humanos sobre otros, que entenderán en seguida el porqué de que las violaciones en un alto porcentaje se den en el entorno familiar y conocido de la víctima: es el nunca abolido en la realidad derecho de pernada, la aún viva creencia de la pertenencia y los derechos sobre la libertad de otros seres humanos, así sean menores y desvalidos. La mayor aberración que existe: la agresión de quienes deben ser tus principales protectores.

A mí si no me dan dulzura, si no me dan aliento, solo una mirada y cuatro letras susurradas al amanecer, no se me puede pedir que ame, aunque estuviera enamorada. No es así, así no puedo. Me recuerda a momentos vividos que quiero olvidar, que arrasan en mi memoria.
Tan insensible que hablé de la murga y dije que debía contar de viva voz lo que me pasaba con ese tema.

La dulzura y la ternura no estaban en esa habitación. Pero quizá tampoco en sus letras, porque ya no sé nada, qué fue verdadero y cuál fue ilusión de la loca en la luna. La última vez que lo leí, él estaba ya a años luz de mí y mis sentimientos.

<<Quizá deba agradecer que ya no esté al alcance nada>>

Y no hubo abrazo. Corre hacia los abrazos, Rai.

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