El silencio perpetuo.

Cuándo empecé a callarme lo que me hería profundamente. Pues no sé concretamente la edad, porque mi memoria ha borrado el momento en el que sucedió el primer abuso sexual de uno de los miembros de mi familia. Un tío segundo, fallecido hace mucho tiempo ya. Creo que tenía seis años, como mis hijas ahora. Pero quizá siete u ocho, no estoy segura.

Cuándo empecé a ver que mi palabra valía menos que la de mis hermanos y los demás hombres de mi familia, en general, tampoco lo sé. También siendo muy niña.

Cuándo empecé a pensar que si contaba no me creerían… creo que con doce o trece años, más o menos.

¿Saben lo que es buscar a alguien que te escuche lo que te pasa y sientes y no te juzgue o piense que le estás pidiendo su opinión, como que fuera un debate? Yo no.
Ni siquiera los especialistas en psicología con que me he topado han tenido capacidad para ninguna otra cosa que no fuera técnica. Nunca, y digo nunca, me he sentido aliviada en consulta por ningún médico ni profesional de esa especialidad. Han sido una de atención primaria, que duró seis meses escasos en el centro de salud (en cinco años en el que es ahora de referencia tendría que hacer memoria para precisar cuanta gente distinta me ha atendido) antes de que la trasladaran a otro, y el de digestivo, después de diagnosticarme Doña Clara, los dos únicos que me han aliviado y comprendido de verdad.

La gente, aún queriéndote, no sabe escuchar lo que te pasa. Ni quiere. Quiere tener la razón y darte sus valiosos consejos. Aunque no los hayas pedido y aunque lo de valiosos no sea una percepción del receptor sino del emisor del puto consejo.

Estoy muy cansada. Muy agotada con eso.

La persona que más me odia del antro tuvo la osadía de decir, en la última pelea de bar de borrachos que quiso provocar, que estaba jodiendo la carrera al padre de mis hijas. Qué ignorante osadía machista. Es al revés, precisamente. Yo despegaba y destacaba en algo que se me da muy bien. Estaba hablado que iba a completar mi formación. Pero la Administración de Justicia es muy lenta. Y una vez acordado que sí, empezaron a llegar las sentencias del TSJ de Canarias y los éxitos. Todo 2019 a los sindicatos detrás para que pasara los autos de los procedimientos que ellos llevaban años sin ganar en la isla. Y entonces empezó no sólo a despreciarme, como hace ya tiempo hacía, sino que a tener celos y envidia y a dejar asuntos pendientes cada vez más gordos y complejos en el despacho, mientras yo estaba día sí y día también mala de ansiedad y de malestar gastrointestinal por el ritmo de vida que impone una persona con cero autonomía doméstica. Y llegaron entonces los cantos de sirena a nuestra barca y se metió en el marrón de la política.

Dejen de hablar sin saber de lo que les pasa a las personas que no dicen lo que les pasa.

Acepten un consejo que nadie me ha pedido.

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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