Si borro tu número.

He de hacerlo. Debería hacerlo también por la nueva lealtad. Porque en consecuencia no quiero dañarlo ni que sufra por verme penando por otro.
No debe pensar que no te alcanza porque, claramente, a distancia te ha superado hace mucho. Pero nos falta la prueba que tú y yo ya tuvimos. Y sé que, pase lo que pase, él no va a ser desagradable y distante, en la despedida. Y sé también que nos comeremos a besos, que las bocas se desearán y estarán presentes, sin límites auto impuestos. Sin situaciones tan dramáticas como llorar detrás de una puerta que se cierra.

Hoy sé que me enamoré un poquito del dolor. Y también sé que profundizo en el amor cuando me dan. No me inventé ni imaginé todo. Recuerdo las palabras. La reacción al contarle que me habían montado el pollo en el antro y estaba jodida, llorando. Recuerdo esa frase perfectamente, y que terminó en “te follo”.
Las cosas no son solo de uno, que avanzan y retroceden. Las búsquedas, las vueltas. Mi paciencia infinita y mis berrinches, también.

Necesitabas ser leal y ahí lo estabas diciendo todo. Pero no llamaste. Tantas cosas sin decir.

Aquello era el garito en el que nos conocimos, pero usaríamos otra vía de comunicación”.

Por eso ahora me convenzo a mí misma de que la manera de poner punto final y devolverlo todo al antro aquel en el que todo comenzó, -para que sea un rollo de una noche fugaz, con un tipo que malinterpretó todo y me mintió un año, para ahora verlo pasar y hacerme la sueca, cuando vaya a ver allí a mis amigos-, el modo, digo, es borrar tu número. Soltar anclas. Navegar hacia donde no me confundan, queriendo que haga reír pero deseándome más si estoy jodida. Que es eso lo que pasó, pero tampoco. Porque me faltaste, porque lo quise yo y fueron por eso los bloqueos aquellos que no entendías, en momentos muy difíciles para mí. Pero que eran asuntos míos. Viejos, muy viejos. Tú no podías saber, no puedo contar eso. Es lo mismo que lo de ella cuando no quería contar acerca de lo suyo. Pero recuerdo pedirte comprensión y pensar en el momento haberla obtenido. Ahora, ocultarme que estabas en un lugar del fondo, sin yo saber… ¿eso no es cosa mía también? No tuya solo.
Tengo que borrar tu número. Porque si voy a probar la piel de mi nuevo amanecer en el corazón, tengo que limitar las posibilidades, las tentaciones de hacerme más daño. Y de dar a cada cual lo que merece, repartir el tiempo de una manera justa. De cero a todo.
Lo pienso estos días. Porque me pesa que me dijeras que podía verte, si iba a estar a tu verita.
Tengo que borrar tu número para despejar esa incógnita.

Jugar, hacer el gamberro en el antro, despreocuparme al completo ya por lo que pienses de mí. Total, es cierto que siempre tuve la sospecha de que veía, de algún modo. No todo el tiempo, cierto es. Pero hubo un punto de inflexión. También aquí, en algún texto, me lo pregunté. Ahora me doy cuenta de que no he revisado esas letras, comparando de nuevo números, fechas, días. Momentos en los que estuviera cerca el fin o lejanos ya. La cuestión es que era una variable que tuve en cuenta. Más presente cuanto más despierta de mi tratamiento me hallo. Así ha sido como he caído en la cuenta, nunca mejor dicho. Porque lo había visto, tiempo atrás, me llamó la atención incluso, pero tenía un aspecto irreconocible para mí. No he estado atenta, evitando mirar a las zonas donde me hieren. Eso ha sido, simple y llanamente. Por auto-cuidarme no te vi.

Tengo que borrar tu número. Ha llegado el momento. Si algún día quisieras explicar por qué hiciste esto, (ya que solo contarme de la doble vida, en ese antro, habría provocado que te dejara yo, por mentirme, y lo sabes), supongo que encontrarás el modo.

Pero si borro tu número, no daré yo el paso para buscar las respuestas. Y aquí eres un ente online, del que ya he visto la cara oculta. Y cuando pude ver tus ojos, que se me clavaron, fue cuando empezó el verdadero sufrimiento.

Si borro tu número es otra pata del mueble desmontada.

Si borro tu número la telaraña se debilita más.

Si borro tu número, me quitaré la corona y la remera. Aunque nunca llegaran, yo las llevaba puestas.

Si borro tu número estamos llegando al final de una novela -de un año- para mí, un panfleto de “abierto las 24h” para ti.

Si borro tu número aún quedará parte de ti en mi alma, aunque no te vea nunca más.

Yo necesito dar pequeños pasitos, hacer cosas que me espoleen para seguir adelante y sentir el avance con el viento a favor. Y si ya he encontrado otra nave robusta, en la que navego segura, ¿por qué conservar el número de la galerna?

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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