La lengua bífida.

¿Qué hay de ese olfato, el olfato materno? El que guía al puchero que añoras de su mano imbatible en el sabor de un buen guiso. El que guía al olor a tabaco o tugurio, en la ropa del adolescente y también el que se percata de que el perro o el gato ha meado un montón de ropa sucia en el rincón del baño.

Ese olor en la cabeza de los niños, que despierta la esencia del ser humano, el lenguaje, con el que vendrán los “¡Cuánto os quiero, hijas mías, sois mi alegría de vivir!” El homo Sapiens, como decía Silvia en el programa de la Rosa de Los Vientos en el que trataron sobre “los ladrones de mentes”, el área reptiliana de nuestro cerebro, que no es ni la límbica emocional ni la racional. Cuatro intereses dominan en el cerebro reptiliano (las cuatro efes) Food(alimentarse), Fuck(reproducirse), Fly (necesidad de huir) y Fight(necesidad de luchar ante un peligro, huir o luchar, alternativamente).
Y así funciona también la gente en sitios como el antro. Seguimos desmitificando el amor romántico, amantes de Poe, sorry. No hay destino. Hay encontronazos aleatorios con quien nos pone perros y perras.

La reproducción. La hormona. Todo lo que la ciencia quita de romántico al verdadero amor. El olfato. Ahí se halla la necesidad de desvirtualizar a alguien con quien has conectado a nivel emocional en la vasta RED. Oler al otro para confirmar. Por eso hay relaciones fallidas en el momento en que avanzas a la cama. Por eso tiene que ser pronto antes que tarde. Hace nada había gente que creía firmemente en eso de conocerse primero… Que yo siempre he pensado: “pues eso digo, CONOCERSE PRIMERO”. Si no funcionan los besos, si no te saben tocar, si a ti tampoco te sale… no estáis en la onda necesaria, no se fluye… no hay nada que hacer. Y quien diga que eso no es cierto, que sí hay otras cosas más importantes, no sabe lo que es el amor. No ha experimentado la reacción química que pone en marcha el deseo, el fuego, que te pongas cachonda y digas guarradas en un chat a la persona deseada. Porque sin olor también hay que conocerse, por lo de la conexión emocional, porque en la expresión y en los ojos está el sustituto de olfatear la hormona sexual del contrario y las nuevas tecnologías, OH MY GOD! traen consigo esta maravillosa ventaja, que es conocerse previamente de muy diversas maneras, allanando el camino, en especial a los tímidos que somos desinhibidos en privado (sí, más que en público, ¿qué pasa?) o tras una personalidad construida en la red. Que puede ser más o menos fiel a la realidad.

El lado racionalista, cuando has decidido limitar tus relaciones íntimas a una precavida distancia de donde desarrollas tu vida como mami, sabe que falta la química del olfato. Sin el olfato, la conexión es a otro nivel, ojos y oído. Lo que te dicen también te seduce y te transforma, pero hay que saber las palabras concretas para despertar el interés. La intromisión, por ejemplo, te espanta.

Ojos y olfato.

Por eso no debiste ir, por la posibilidad de que pasara y aún así saliese mal, como salió. Él no cree en lo que tú sí, en que estando lejos, se diluye y se vuelve a encender con la cercanía. O tal vez sí…

La lengua bífida de las serpientes les ayuda a reconocer el terreno con dos puntos de referencia que su cerebro reptil procesa, extrayendo la información de las sustancias químicas del ambiente, del aire, del suelo. El sistema olfativo basado en su órgano vomeronasal, situado en el paladar, que procesa las moléculas recogidas por la lengua bífida, y que es defensivo. Aún así, la asociamos con la peligrosidad del animal, cuando en nada interviene a la hora de inocular el veneno neurotóxico.

La lengua bífida y su detector de cualidades organolépticas, mucho más fino, pues palatea el aire y de las moléculas que flotan extrae información del entorno.

Cómo le explicas eso a quien se resiste a probarla, por miedo. A quien no besas y te deja en ascuas con una promesa de reencuentro cuando en el primero todo falló, excepto la conexión de las miradas en un momento fugaz y tu olfato de haber encontrado al alma que buscabas, cruzando los años para llegar a él. Y se desmoronó todo. Una montaña precaria de mentiras te ha dejado arrasada de dolor. Aunque la lengua bífida teclea, también a pesar tuyo. No quieres rememorar momentos. No paras de pensar en una mujer desnuda sobre una cama revuelta de un hotel, llorando porque se fue muy frío y distante, más que lo encontró. Es decir. Ya vio que no la amaba ese día y que ella a él sí. Es muy cruel saber eso y anclar la voluntad de una persona a canciones y gestos tiernos que no se sienten. Llega un día en que es insostenible, un aciago 16 de diciembre en que se apagan las antorchas mantenidas a duras penas. Y el dolor es grande. Pero más por las maneras. Por la falta de coraje, por el tutelaje del “yo sé qué es mejor para los dos” escondiendo un “salgo de escena que se me va de las manos esto y no me conviene”.

Conjeturas y más conjeturas que se fueron apagando y ralentizando hasta casi desaparecer. Nuevas personas y búsquedas en la propia sexualidad, que se abre en flor y cada vez brinda más oportunidades de placer y modos de disfrutar del amor de manera más libre a lo que supuso atarse a una alianza en el dedo. Se apaga poco a poco el pilotito del hielo por desamor. Te acoge un alma herida en brazos, te escucha y te da lo que sabe que necesitas. Es simple: necesitas ser tú y no sentirte culpable por ello.

Ese fue el tremendo daño, al rechazar el rocío, y la lengua de esta mamba en sus labios. No quiso dar oportunidad a la dulzura y la ternura, que están irremediablemente mezcladas en el deseo de los amantes más puros. Yo sé lo que hizo. Él también, es perro viejo.
Fue cruel simplemente, porque primero estaba bien ser como soy. Me despertó y dio vida. Pero no lo suficiente. Llegó un momento en el que me hacía daño esperarle porque me hacía sentir mala persona por ser como soy. Por ser tal y como le llamé la atención cuando vino a mí. Por eso no alcanza lo de “gran persona”.

Esta lengua bífida busca la química de otros labios enamorados de mi manera de vivir el deseo. Y así me cuida porque me hace sentir bien, me abraza con su adoración por mi fuego incesante.

Y entonces reapareció con su cuenta con nombre de canción y su nick de personaje ricota, y descubres el sainete de que se escondía de ti, valiente canalla. No será difícil olvidar en brazos del amor y el deseo a la estratagema cínica y aprovechada de los que no van de putas ni ven porno.

Ahora aún alcanza menos lo de “gran persona”. Y gran mujer no es ninguna que degrada a otra sin conocerla y sin que le haya hecho nada. Ni que ella sepa ni que no, porque fuiste tú quien se lo hiciste, no yo. Yo era libre.

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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