Mala mujer.

Y no me importa ser mala mujer entre tus brazos. Es más: soy buena. Entre tus brazos estoy segura de que a nadie hacemos mal por amarnos a lametones.

A distancia. El vello de la nuca de punta, pasar las yemas de los dedos sobre la piel del cuello, con el cabello recogido en un moño con pasador…

¿Cómo es posible que me está hablando de estimular la zona anal para hacerme estremecer, me lo escribe, y a miles de kilómetros de distancia sientas un latido en el coño y tengas de pronto erectos los pezones?

Pezones duros, hiper-reactivos al roce, que anhelan tu boca y contacto. Al tocar mi cuerpo transportarme a la conexión de saber que quieres que lo haga e imagine que son tus manos las que recorren, tus dedos los que entran y se mojan. Y que me inunde el placer con ese pensamiento dulce, al compás de mis latidos.

Del mismo modo que yo ansío tu tacto, tu boca, tu lengua, sexo y saliva, en paralelo o perpendicular, horizontal o vertical, quiero yo que al otro lado del ‘mundo-red‘ que nos sostiene, imagines tú que mi cuerpo necesita imperiosamente acogerte, de nalgas o de frente, cuanto antes, mi amor.

Lo que me inspiras en un instante, desde que me saludaste, hace menos de una hora…

Opiniones relevantes o totalmente intrascendentes. Razón aquí.

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