Mentiras, las tuyas.

Cuando escribiste que no harías más referencias. No puedes. Eso es imposible. Es lo único que queda. Convertirlo, al auténtico y al origen de todo, en uno de los imaginarios. Material onírico. Porque soñar alimenta el espíritu. Mientras esté en tus sueños, estarán las referencias, una y otra vez. Aunque te engañara y no te quisiera en realidad, o aunque no te engañara, si no tú a ti misma pensando que era cosa de dos (y que exista esta duda revela la verdad, que no te quiso y sí te utilizó, probablemente); en tu materia noctámbula te recuerda, sigue deseándote y es un sacrificio apartarte de su vida.
Y mil boberías más, claro. Pero es que la imaginación es libre y no tienes ni una sola tacha a la que agarrarte, con ese inconveniente desgarro de herirte al salir, emborronando más, dejando más dudas.
Pero que sigue tu vida y su vida, saliendo de la tuya, y que eso está bien. Tú volviste a caer en el dulce arrullo del deseo, él no es impedimento para amar a más y mejor. Y esta vez caminas mucho más segura y todo está muy claro. Se puede encontrar quien necesite lo mismo que tú y que te dé tal y como lo necesitas. Y ya sabes que eso está muy lejos del amor convencional y aceptado como normalizado en sociedad. Pero tú eres optimista en eso. Crees que la sociedad cambia y ves el fin de la posesión emocional y sexual del otro. Es este el momento, cuando la tecnología y el progreso ponen del lado de los esclavos del amor y del deseo la manera de comunicarse, hallarse, encontrarse.

Ahora faltan otros tantos encuentros por describir en este blog, que habrán de ser ustedes, queridas lectoras y queridos lectores, quienes distingan los reales de los imaginarios amantes. Rai dispuesta y en casilla de salida, esperando está a que se relajen las restricciones aeroportuarias y se pueda viajar entre provincias, en la desescalada tras estar confinados por la COVID-19…

Nunca habrá mayor satisfacción de la literalidad de la realidad filtrada emocionalmente por la que suscribe, para que no duela o bien para lo contrario, que salga a borbotones la ira. Y halaga y enorgullece, te hace creer más en ti misma cuando alguien le ve una pretensión literaria, no sabes ni cómo definirla…te metes en un jardín. Si alguna vez editaras sería un proyecto muy personal y nada comercial. Este sitio no pretendía ser si no todas las cosas que no has dicho. De viva voz, cuando pudiste. En un chat de cualquier app o red social hoy en día. Son una especie de cartas encubiertas. Tapadas por salitre, vómitos y detritus incluso, muchas veces.
Otras tratan de rodearse de petricor o pino mojado al sol, o de ozono de orilla de mar en Lanzarote, de frescor de baño en sus aguas cristalinas, de fluidos sexuales mezclados en los post eróticos.
Mezcolanza de cotidianidades con sufrimientos vitales corrientes en todas las personas, en torno a la soledad, la crianza y preocupación por uno mismo, que es esencial en la felicidad de ellos, una separación traumática, con sus particularidades, también sus ventajas, por el lugar en el que vives.

Las mayores dificultades vienen por el lado de siempre. Y ya lo sabías. Y es ese lado el que se percibe a lo lejos y está presente a diario. Como una nebulosa. Y entonces te descentras y tratas de hacer textos quizá más amables. Pero ni es ni nunca fue el sentido de tus escritos en la red. Los relatos son simple y llanamente una necesidad compulsiva de expresión. De catarsis continua sobre lo que comes y reprimes día a día para no afectar a tus seres queridos cercanos. Hace mucho tiempo que es tu autoterapia. Lo que es absolutamente cierto. Por eso lo que se opine sobre esta web, como página personal que es de recortes de vida, recuerdos y sueños, con su toque de fantasía, no te afecta negativamente nunca. Ni la mofa. Porque ERES TÚ, en plenitud y a muchos y muchas puedes no gustarles, como ellos y ellas no te gustan a ti. Pero autenticidad. Es Ley. Esto no es el antro con gente que te advierte de que si te lo tomas en serio nosequé.
Es tu rincón. Aquí sí son tus normas.

El sentido de Rai está en consonancia con esto. Es un alter ego, que necesita poder escapar si ahora, de repente, estos textos han llegado al corazón de quienes tienen que llegar. Y si, por lo que fuera hay que volar hacia otras latitudes, entonces poder saltar también entre mundos oníricos…

No se dan pistas sobre las cosas entre dos. Imaginarios o reales.


...vacaciones dio a su corazón
no hay quien le quite a ese gallo el espolón
lo echó de la cabina y se desvió, descubrió y desbarrancó
y al borde del abismo lo dejó
puteando por lo bajo se marchó
una corazonada fue esta vez
trucho pero lindo camaleón

Más veneno.

*Retazos de sentimientos puestos por escrito.

Llorar por los rincones. En ausencia de ella. Callar lo que te duele; entonces la amas como a nadie. Llevar la pena dentro de nunca volver a oír su voz más.

“Y pensar en él y encenderse el deseo de tocar la propia piel, imaginando sus manos, que son las que acarician tu alma, sin estar cerca”.

Y estar muy lejos, de hecho. Tan lejos como un imposible. Pero la certeza de la sensibilidad que se aisló del mundo, aún a costa de su felicidad, de la de ambos. Y una mierda de comunicación… también por todas las interferencias.

“Y convertir la vida en penar, sin él, en verla pasar, sacrificando la alegría de tenernos y de verter la risa y las caricias, sin vetos ni culpa… Que un día se reencontraran despojadas del dolor de la distancia insalvable”

El castigo es la renuncia. Tu renuncia a ser feliz, condenando la dicha propia, que me obliga, por ser tan profundo este sentimiento, a respetarlo, aunque se me antoja una insensatez inflamable. Y la rabia de pensar que nada de lo que te sucede es justo.

“No hay que pagar ningún peaje para volver a empezar. Tu honestidad es tan pura como injusta conmigo, pero porque nunca tuviste en cuenta mi opinión ni quisiste aquella conversación”

¿Y volver a empezar de cero? ¿tras una promesa rota? Nadie se queda al lado de la lágrima congelada, que se rompe si intentas tocarla.

“Aceptar que era un bello paraje que antes fascinaba a propios y extraños.”

Vivir con la duda eterna de tus silencios a mis dulzuras, nena… Nunca saber si callabas por no herirme, al no sentir igual. No entender las formas… nunca. E intentarlo, para conocerte mejor, porque ya te amaba y no lo viste…

“Pensar que callabas por no herirme, vida, y a la vez pensar que te veías idealizado, en mis ojos tristes, y que quisiste sacarme del auto engaño de tu amor, pero que querías evitar mi ira… al no sentir igual. Y no entendí nunca tus formas. Por más que lo intenté, porque no se ama, en realidad, si no se conoce… ¿Por qué nunca dijiste simplemente un ‘NO-TE-QUIE-RO. ¡OLVIDAME!? Pues eso es justo lo que no hiciste”

Justo no hice mandarte por ahí a chingar a otro por ser delicado y siempre ví que la cagué. Que pretendías el drama de “es un cerdo, se aprovechó de que me supo seducir, o algo así”. O eso o lo otro. Renegar de lo que no supiste y crees saber. Que hay frío y desamor. No es ninguna, lo sabes y te da igual eso.

“Quizá sí necesitaba hacer de la situación una tragicomedia de tu falta de entereza, por mi orgullo herido de tanto ir y venir y sentir en verdad que había acabado, sin decirme nada… Quizá necesitaba, para no seguir anclada en el dolor la creencia de que te marchitarás por la renuncia, dejar correr el a veces necesario y sano despecho, con el que compensamos las que no somos celosas, por nuestro amor propio y pizquito de dignidad: pero, justo por cómo amo, al segundo ya me siento mal y responsable de todo. Y de nada. De partirme el corazón por las cosas calladas meses y meses…”

No eres tú sola a la que el corazón le ha estallado, no solo tus lágrimas arrasaban y no podía decirte eso, lo habrías malinterpretado… de nuevo. Lágrimas contenidas durante meses. Y si yo era impedimento para recuperarlo con él, también. Ahora me dirías cínico…

“Y esta sensación de ardor infinito, de que no salgan las metáforas ya, de querer aclararlo todo, punto por punto… o bien todo lo contrario. Olvidarlo todo. Hasta dejar de escuchar las canciones, si es preciso. La huida hacia delante y el tiempo hará su trabajo. Y el hielo y la distancia. El silencio perpetuo…”
Pero tú siempre serás la bola de demolición que provocó las letras crudas …

*Este post es una composición con manuscritos volcados en papel, en los últimos meses, cuando el pc no estaba a mano y el smart phone no me resultaba cómodo.

Y volver a ser quien era.

¿Qué se ha llevado él que otros no podrán llevarse ya?
La voluptuosidad de los treinta, de una mujer alta, rotunda, entrada en carnes, con curvas y prieta aún.
¿Qué más hay aquí que contextualizar?
Los orígenes. Se ven, están aquí presentes y, aunque es un testimonio incompleto, porque falta el inicio de los espacios personales de Microsoft, lo fundamental está, a cachitos. Es parte de una vida nacida en el norte de la fría meseta castellana. En una ciudad conocida por su ultra conservadurismo, donde hasta en el barrio obrero del que ella procede, hay mayoría facha en los resultados electorales, sea del tipo que sea la convocatoria.
Se llega, por circunstancias, a su paraíso soñado, huyendo del frío y de la presión familiar y del entorno. Intentándolo lejos del etiquetado social y de las barreras entre clases; no ya para progresar, sino para salir adelante, en su situación personal. Sin embargo, a pesar del mayor aperturismo sexual, se topa con una sociedad más cerrada aún en algunos aspectos, por el proteccionismo, también para las élites que explotan al pueblo, de todo lo extra archipelágico, sospechoso casi siempre de ser un nuevo intruso aprovechado y enterado. Pero haces tu vida y te adaptas a tu manera, y se vive hacia fuera, la luz y el mar, la tierra quemada. Te posee el ciego amor a la isla, como un ser vivo más, y su subyugante paisaje de océano y lava, cuya exuberancia hace que tu lozanía se refresque, que tuvieras una necesidad brava de mezclarte con arena, viento, oleaje de sal.
La piel revive sensualmente, destapada, al sol, sin cuatro mantos de ropa en enero, desnuda sobre la orilla del mar y remojada por la espuma de las olas. Se exfolia en un manto de lenteja de basalto, se ensaliva para amar, encondidos en un hueco. Se muestra accesible como manzana para morder, se presta al roce con otra piel, busca el tacto de lo que la enciende, el rubor que la acoge y da brillo, el abrazo tembloroso tras salir de la marea…

La piel era ella. El amor era piel. Siempre lo supo. Por eso aquella necesidad. De primero la piel. Para no engañar ni engañarse. La piel no se pospone, es lo primero. Si la piel no funciona, da igual haberte enamorado de una cara, de una voz, de unas manos, de unas letras…
No de unas letras, no. De una persona que las escribe, que es muy distinto.

A veces pienso esto, en si leerás. Y en caso de que lo hagas, en si pensarás
que es una de mis intenciones, enamorarte con mis letras. Siendo extremadamente honesta, no pretendo ni muchísimo menos que nadie se enamore de mí con mis letras, eso es pueril, problemático y diría que incluso mediocre e increíble, si no fuera porque existen el micro blogging y las rrss. Además, yo, al menos, no me liaría con mis escritores ni escritoras favoritos. A ninguno les veo así, platónicamente. Nunca me ha gustado ningún escritor, ni de los buenos, ni por su talento. Esos menos aún, que anda que no hay que llevar carrerón en el coco…

(Decía que) Sí de la persona que hay detrás de unas letras bellas, crudas. Puede coincidir o no hoy en día con más frecuencia que también escriba para “no enamorar” maravillosamente, porque la red facilita a muchas más personas expresarse a mucha más gente y distancia. Así ocurre. El aumento de probabilidades siempre ha estado ahí, de encontrar a alguien con quien hablas, en la otra orilla del mundo, sin que sea irrealizable ni inaccesible por caro a los menos igualados, y que algo, sus letras en un chat te hagan darte cuenta de que el azar lo ha puesto ante tus ojos. Aseguras que se ve, se siente rápido, ya lo has distinguido. Y quien lo siente de verdad, desde lo más hondo de su corazón, salvo escasas excepciones o problemas graves con la gestión de los afectos, lo dirá al otro, necesita decirlo. Piensa que le hará feliz incluso si no es correspondido, como es natural. Así volviste. Por la puerta grande. Habías dejado de decir que amabas largo tiempo, y en cuanto lo sentiste, vas y lo sueltas a bocajarro, de buenas a primeras, no te lo aguantas. Sabías que él no, pues no sintió el mismo impulso (o no era impulsivo, quisiste auto engañarte un poco, muy poco tiempo). Pero no pensabas ser un problema, nunca lo viste. Ni dañarlo. Y por eso creíste que faltaba la piel. Y entre medias él reflexionó en tu daño y en otros algunos posibles más análogos e improbables tales que … Sí, estaba acojonado, aunque disimuló relativamente bien, porque tú ibas hecha un flan. Pero con el tuyo se equivocó tanto… no entendió tú manera de amar y tú no entiendes qué pensaba que esperabas tú de él.

Y ves que no supo. Que no te salió bien y ahora volverás a intentarlo mejor. Como ahora sí saben. Que necesitas dar, dar, dar… Amar es dar amor y que te dejen dar amor. Que no te hagan sentir tan sola como boba por dar amor y recibir indiferencia. Hielo. Silencio.
Pero distinto. Un silencio, el del que se bebió tus años mozos, que también se comió años de tu dolor, siendo justa, aterradoramente indiferente. El del que se bebió tu deshielo a medias, te asustó y se asustó. Entonces calló. Callaste. No quisiste hacerle sentir responsable de lo que no lo era ni nunca lo fue, no sabes si habrás conseguido que sepa eso. No sabes hacerle responsable de otra cosa que de ser falsedad hecho letras. No de tu dolor de incauta novata, (que asumes, así espabilas a la próxima, que para ti sabes que esta fue la primera vez que te ocurrió) y que, de todos modos, no creyó hasta que no tocó piel. Y Confirmaste. Ya se lo dijiste.

Empecé a escribir sin escribirle a él directamente, a mi alma allende los mares, nunca supe si leyó o no. Nunca me dijo si alguna carta le llegó a rozar, cuando aún podía decírmelo. Esos silencios son extraños. Porque no soy nada supersticiosa, nunca en veinte años madre vino a verme. Si no lo hizo ella, no lo hará nadie, por tanto sería aún más raro aferrarme a que siento presencias que ni sé si están. Siendo lo más probable que no, y que no vayan a estar nunca más, si alguna de las cartas fueron motivo, como yo pretendí, de su “basta ya”…

Volverás a ser como antes de tantas trampas. De tantos hombres. Porque necesitas tutelaje, según tu hermano pequeño, “caíste en la trampa”, del primer hombre en mi vida que fue un hijo de puta.
Que no, Fulano, vamos a ver, yo te cuento cómo va la movida y la historia del media-punta. No fue que él fuera un cabrón con pintas, sino que mi hermana es tonta. Pero va de lista. Ya es hora de que veinte años después esta creída reconozca que cayó en brazos de un ‘enviar a todas’ (cuando solo había sms)

A quienes no quieres dar no darás y eso también es volver a ser tú.

El amor leal es el amor auténtico, ni fingido ni pactado. Yo estuve allí y sobreviví a la muerte en vida. Al modo de NO SER más peligroso que hay.
Los no vivos del amor con aduanas.

Ya has estado en la letra y la piel. En el conjunto de amaneceres hermosos que es reconocerte fácil en otro que te quiere dar. También dar, dar y dar.
Entre dos.

Y volverás ahí.