No estás.

Te has ido, no estás para mí. Punto de partida.

¿Idealizaste, niña tonta? ¿O verdaderamente ves ese fondo tapado, que no sale a flote por las capas de pavimentado nuevo de la vida?

Tantas cosas que le dirías al oído. Bonitas. Todas las que necesita saber, que al parecer nunca le dijeron o no habrá tenido oportunidad de escucharlas bien, porque no se las creyó.

Eres vos el alma herida, que juega a curar a otras, mientras escribe letras sentidas.”¿Dónde estás? ¡¿Dónde tus letras, para enamorarme?!”, le gritó. “¿Lo harás de nuevo, aquello que yo he visto?”

Candelita, en aquellos días tristes y arremolinados. Ella sigue en tu mente.♥

Confía en que te ha visto… te detectó.

La diabla, la mamba hija con las mambas nietas, no posturea en el antro. No utiliza la estima como arma arrojadiza. Simplemente es ella y va a su rollo. A decir verdad tolera mal a la mayoría de clientes del garito y es una antisocial sin remedio, en sitios así, porque sabe que salta a la defensiva y las consecuencias que acarrea el veneno que inocula.

Saltar al vacío.
Nadar hasta el rompeolas natural de lava,
donde los pejeverdes quedan a picotiar la roca intermareal.

Subir jurando en arameo, pues está picuda.
Los pies de secano y campo de Castilla están hechos a trigo, cebada y hierbas altas.

-Mis hijas,
subiendo rápido y ágilmente,
no pierden el equilibrio porque tienen callo conejero.-

Y saltar al agua, llegada al medio del arco de la lengua de fuego,
a tres metros de profundidad en la marea, y bailar con los peces.
Que están de banquete de migas de pan, resabiados.

Candelita, notas de ayer tarde, en la playa.

La última montaña.

Supongo que, como la otra vez, ahí está la razón de fondo de las preguntas que me hice por la mañana, antes de que tuviera la idea nefasta de referirse a mí como lo hizo, sin tener ningún derecho a juzgarme ni siquiera en privado. Sin derecho a esa muestra innoble e impropia de la imagen que tenía de él en la cabeza. A esa proyección evidente.

Nadie sabía de quién yo hablaba, podía haber acudido a mí por las vías que estaban abiertas, para reprocharme eso que sabía que yo ya no iba a ir a aclarar de ninguna de las maneras, del mismo modo. Dije que no volvería. Dijo que no había ningún problema en borrar ese rincón escondido nuevo. Esperé dos días y seguía ahí, tras la desilusión, tras la confusión que me generó con los últimos actos. Que no entendí. Estaba advertido, no he dejado de ser coherente en todo momento, en la relación que nos unió.

Al cambio, en esa última conversación antes de aquellas preguntas retóricas que no esperaban respuesta, que eran un desahogo público sobre un amante secreto, me habló de nuevo con excusas de haberme advertido de algo que yo ya había asimilado. Perfectamente. De modo que, contestando dos veces, por boca de dos personas aparentemente distintas que yo sabía que eran la misma, proyectaba su propio desgarro sobre lo que se atrevió a llamar despecho.

Tolero sin celos otras relaciones, mientras no se mezcle. No quiero saber de las otras personas, porque me incomoda y porque yo tengo las mías por otro lado y no hablo de ninguno de los otros, a ninguno de ellos. No va conmigo. Hablo de mi ex, sí, del padre de mis hijas. Lo hago en este sitio web. Lo hice en las buenas y lo hago en las malas. Con mis precauciones. Con límites. Y sabiendo, por supuesto, que no se puede romper más veces ni por más sitios nuestra relación. Ni tampoco va a afectar la parte ínfima que cuento de vivencias que me atañen solo a mí, al resto de su existencia.

Confidencias. Privadas. No es lo mismo hablar en primera persona de tus movidas y de las personas implicadas sin dar datos que identifiquen, que en la red pueden ser suficientes para ubicar a la persona fuera de ella.
La invasión de la intimidad que suponen las redes sociales, que animan al prejuicio y al juicio de valor rápido. Yo misma he caído vergonzosamente en ello, en el antro, y a posteriori, al ser consciente de ello, me he sentido fatal. No con todas, pero con muchas personas me he disculpado. En público y privado por ello. Las reacciones a eso han sido diversas. Pero no es de lo que estaba hablando, en realidad, cuando abrí esta caja de texto.
La divagación, sin embargo, es necesaria. Porque se centró en lo que él dijo, olvidando trágicamente lo que pedía yo, mis condiciones, mis concesiones y cuáles eran mis expectativas. Estas fueron:

  1. Yo voy, yo pido. Nadie tendrá el problema nunca de no poder negar que haya sido yo la instigadora de la transgresión de las normas morales conservadoras impuestas por siglos en esta sociedad nuestra.
  2. Si se me hiere o no se respetan mis condiciones sobre la privacidad de terceros, dejo de pedir. Eso significa, claro, que o da paso el que la ha cagado en el “pacto para no sufrir”, o se acabó la relación en el plano sexual.
  3. Mis amantes, reales o imaginarios, tienen su espacio grande, mediano o chiquito, en la patata. Pero todos son iguales en respeto, sus aposentos están insonorizados y aislados del exterior.

Si me enamoro, lo expreso. No reprimo mis sentimientos y no significa que necesite del otro simetría. En absoluto. Me puedo sentir amada por la vía del deseo, porque para mí hay diferencia entre desear y ponerme cachonda.
Lo primero es adictivo e implica necesitar a otra persona que es deseada y que me desea. Lo segundo se soluciona viendo porno. O con imaginación, también, por suerte, en mi caso.

La línea que separa deseo y amor está en la cumbre de la última montaña. En lo alto de un puerto. De esos que, cuando aún nunca los has visitado, desconoces el punto de inflexión en la pendiente, y te encuentras casi de repente en bajada.

Hace tiempo que sé que cuanto más conozco y me enternece la persona que me excita sexualmente, más fácil me es caer rodando por la cuesta de las emociones. Si hay admiración por alguna cualidad concreta, ya no solo me excita lo puramente sexual, sino que puedo caer en la trampa por la vía de las palabras.

Pero ahora que me has mostrado tu lado oscuro, ahora que me siento en la cima de la primera montaña de una larga cadena montañosa, no solo no necesito que me ames, aunque hubiera sido bonito, sino que no lo quiero.
No, no me ames. No soy tu cenicero. No me echarás más de menos.

CANDELITA, CUANDO APAGASTE EL FUEGO, ENTRE CENIZAS…

Confianza ciega.

La situación para mí está clara. Todo empezó al quitarse la chapa de fan.
Y continuó por ese sexto sentido que tenemos, diría que las personas, pero mi experiencia personal me indica que hay una ingenuidad innata en todos los hombres para percibir las cosas que las mujeres hacemos con mayor facilidad. Será aquello que llamamos intuición, que en realidad, por los cuidados en nuestros roles asignados, se traduce en estar más pendientes del bienestar alrededor nuestro, de las emociones de los demás. Más entrenadas para detectar la tristeza y los males que afectan al corazón y a la mente. Más psicología para ver detrás de lo poco que verbaliza un parco sobre sí mismo.

Yo me siento segura de su amor. Sé que no quiere herirme. Sé que es recíproco, me lo ha demostrado. A quien no quiero hacer aprecio, como dije en el antro, – después de los mensajes de niña chica que pinté en la puerta del retrete y que luego borré-, es a la causante, de nuevo, de una perturbación en la fuerza de lo que nos unió. Porque ella se lo ha notado. De algún modo y aún sin que nadie más que usted, Mr. Writer, y yo, sepamos de lo nuestro. Se lo ha notado como a mí mis hijas mi alegría, que han disfrutado por ponérmela usted en las manos y en el corazón, que estaba apagado y triste. Eso ha hecho usted y sé que también ha sido así de su lado, que estaba contento, pero en los últimos días no.

Esta es la razón por la que sé que hay pose en su ignorancia. Que su posesividad, además de obviamente no tener ningún derecho a ella, ni sobre usted ni sobre nadie, es algo maligno, cuando no se respeta un derecho previo en todo caso que no es de ella.

Amarse sin hacer daño no es que alguien de fuera insista en romper la membrana que nos aísla de los demás y que usted lo permita, justificando un comportamiento de niña a la más grande y castigando el respeto a la intocable y la responsabilidad con los actos que exponen, de la más nueva.
El castigo, usted lo verá, es distanciarse tanto tiempo como yo le dije que hizo, y más aún. Solo hay que revisar nuestros diálogos. De dos.

Confío ciegamente. No se calle. Escriba como sabe, que sale de su entraña y eso no lo tiene cualquiera. Yo lo amo y hace tiempo que no lo veo.

Usted que confía ciegamente en quien no explica. Yo explico demasiado, me embrollo. Pero como lo amo, Mr. Writer, yo confío en vos.

¿Lo redujo todo usted a una cuestión de simple y complejo, aquel quejido?
En realidad era un simple te echo de menos. Y mientras, fueran trampantojos efusivos o verdadera devoción que usurpa la alegría, un reproche de necesitar mayor contacto, por haber aumentado la distancia y decirlo.
El tiempo y la vida son muchos cruces de caminos, muchas personas, años, variables, lugares conocidos y por conocer.

Pero dependencia solo de mis hijas, no es posible tenerla de alguien que está allende los mares y tiene su vida tan lejos de la mía. Ya es suficiente el dolor de que vaya a tenerle siempre así, como para que nos alejemos estando ya lejos. Las palabras sirven para que se acerquen los tímidos. Nos dan calor. A mí me dan calor.

Trampantojos son los de este blog, Usted bien lo sabe. No entiendo qué necesidad de trampantojo, hay en el antro, ante el resto. Qué tipo de literatura es esa, la que no existe. Hace tiempo que no escribís, por eso sé mejor de ese estado de ánimo que usted mismo. No entiendo los motivos de fondo, sé que el trabajo le impide. Pero no hay mayor jaula en esta vida que no tener los momentos de soledad necesarios o no hacer nada de lo que realmente uno desea. O algo para lo que se tiene una capacidad especial.

Las canciones también le cuentan a usted, no deje que le destroce el amor de nuevo, porque le he soltado la mano, pero no me he ido. Estoy esperando a verle de nuevo, enamorarme otra vez con sus letras, es el camino para dejar de echarnos de menos.
Tengo confianza en Usted.
Ciega ♥.

CANDELITA, LA QUE SIENTE Y ESCRIBE…