Piscina, calor mesetario y farla.

Estás en un asadero en Canarias. Eres la mayor del grupo (por año y medio), primer momento ‘choqueante’ al no estar Ex, pero lo llevas con dignidad. Hasta que te sacan un vídeo de una orquesta de las horteras, con efectos de fuego y la polla en vinagre en el escenario, claro. Que si “Zamora y qué orquestas que no hay aquí” (nada que ver, aquí hacen cover con ritmo latino hasta de Metallica y mierdas, es otra cultura de la música y la fiesta que no es comparable, por el carácter, el clima, el estilo de vida…) Otro día hablaríamos de la contratación a esas orquestas que van en B en muchas ocasiones, y otras tantas cosas sin observar. Como la prevención de riesgos laborales, tanto por desplazamientos largos en carretera sin el descanso suficiente, como porque muchas veces los montajes de los ‘shows’ corren a cargo de los músicos, también.

Parece que no me saldré con la mía…

“Está cansado y sin fuerzas para discutir…”

El tiempo dirá.

“Sé que vos no regresarás…”

Intento reír, aún así. Inventarme amantes, entregarme a quien me quiera amar con sinceridad, pocos más requisitos, que dulzura.

“No, no todo el mundo la tiene, muchos la pierden terriblemente por el uso de la farla o la priva. Bien que lo sé. Lo he visto. Desde muchas perspectivas diferentes…”

De prado al sol, Ribera de río y campo de trigo y cereal, en agosto ser mesetario es moverte en carro de hierro. A las piscinas de los pueblos grandes de las comarcas. Al Pozo Azul y Orbaneja, en Burgos. A los embalses.
En cada generación un mal, una huella de dolor, a veces en forma de pérdida de vida humana muy joven.

Ella está tan machacada por esa forma de sufrir, rodar y privar, todo a la vez, ladrón de cerebros. Le indigna la apología de beber como modo de disfrute sin alternativa.

Hace párrafos sin sentido en el blog, porque tenía una idea, o varias, que se han ido, al empezar a pensar en la juventud mesetaria que estaba, como siempre y como en todo, muy relacionada con la clase social y la economía familiar. Siempre recuerda los orígenes de todo lo que compone el prisma; nunca ha tenido un hogar en propiedad. Desde el inicio de los tiempos que eche la mirada atrás…
Por razones que no vienen al caso comentar, actualmente la familia paterna no tiene nada que aportar al patrimonio de sus nietas. Por primera vez, sí, sin embargo, y desgraciadamente al no vivir la Mamba Madre, que hubiera ayudado más que todo el dinero del mundo, hay un patrimonio de nietas por su parte. La casa de los abuelos.
Aquí trabajar duro para lograrlo, por los medios de ellos, además, y no fue posible. Ya mejor ni pensar en los motivos, porque algo duele y no tiene arreglo, sólo hay respingo y desaliento, al pensar.
Pero siempre ese pequeño trocito de abuelo y mamá. Siempre en mente.

Entonces los miedos. De los inviernos heladores, que no se soportan sin interrumpir, y también de los agostos de piscina, calor seco mesetario, farla y priva. Y el mar no estará a 15 minutos caminando. Ni tampoco a media hora, ni siquiera una, con el coche. Y los cielos cerrados, la ausencia de luz.
De la mano de ello, la opresión del deber ‘algo’, precisado en años fuera de la cuna que te vio nacer.

El candado de la cándida.

Era novata de todo y de nada. Que alejada del mundo digital por generación un poco, pero sobre todo por falta de medios y tiempo, iba y volvía por épocas. Antisocial por elección, de gaje profesional: estar tras la barra del bar cuando los otros se divierten, que te encuentres con mucho insolidario, – o directamente, pijo hijoputa.- en el camino… quita las ganas de más garitos infectos cuando acaba tu jornada laboral. Te queda de secuela el noctambulismo y también la tendencia al gusto por el ocio en soledad.

Y lo vives de manera importante, en el sentido de que forma un poco parte de tu intimidad reservada. Cuando entras un poco en red y “eres más quien quieres ser, o como quieres ser, o como te gustaría ser y no puedes….”

Ves que en eso consiste pero por otro lado, no tienes filtro. Es decir, tu día a día, lo que está a la vista de tu vecino, el de debajo de tu piso, por qué no vas a comentar aquí. Cada uno pone el filtro, el color, el encuadre, el brillo…

La realidad filtrada, son las selvas de las redes sociales de Internet. Y también, como en analógico, es importante dar con la gente auténtica, que tiene un filtro hacia afuera y otro para adentro.

Bien sabe la candidez de donde procede el error que se comete con ella cuando alguien prejuzga que la candidez sabe de qué va la murga, es más, se hace la tonta y hay alguna mala intención detrás de ese empanamiento impostado.
Porque… ¿cómo se va a ir así despreocupadamente por la vida? Llegando y diciendo alguien, abiertamente: “Oigan, explíquenme, que me pierdo, que me están dando por troleo lo que ahora no lo es”. Que cuando no haya ni puta idea de qué va algo y te percates, te bajes del burro y digas a alguno o alguna: “ah, vale… NO, sigo sin enterarme…”

Que recuerda siempre que la gente de su entorno de edad ya viven mucho más cómodos, porque cuando en su precoz independencia tuvo que pagarse facturas y dejar de estudiar, ganaba para sustento propio incluido el gasto del alquiler y los suministros. Pero que eso en absoluto es una queja. Es una merecida justificación al empanamiento. A que entra en el antro y no pilla el chiste, o no se ha enterado de la nueva tendencia de mofa contra el pazguato o lerda de turno de la semana. O el último grito en memes. No sabes de qué va ese día la referencia a Amanece, o simplemente llegas y preguntas: ¿Qué pasó?. Y se desata la mordacidad del ay qué cansino, esta, que nunca se entera. O aprovechar y empezar a vacilarte relacionando el evento con cualquier memez de refilón que te pueda hacer blanco.

Y que tampoco lo cambia, o cambiaría algunas cosas, pero que en ese momento se vieron de otro modo, por lo que fuere. Y la inercia social, que actúa, que hace que te subas a una espiral de montones de cosas y personas que esperan por ti y de ti. Que en un momento dado, en un punto de no retorno cualquiera, ya no sabes cómo parar.

Pero lecciones no, por favor. Aceptar la ignorancia propia de lo que sucedía en el último grito de la red o la tendencia cultural en esto o aquello. Pero lo último que admites de nadie, -mucho menos aún de gente incluso mayor que tú, que trata de decirte por dónde se cruza mejor el río-, que, sobre salvaguardar la intimidad, a pesar de las apariencias de los últimos cantos en las excursiones, nadie absolutamente te va a enseñar nada. Y sobre sobrevivir, tampoco hay muchos que te habrían solucionado los marrones, cuando se presentaron jediondos y sorpresivos, ni sabrían menos aún cómo echar un cabo ahora.

Candado al corazón, a los sentimientos.

A las imágenes, sí, por qué no, del Ave Fénix, de la mamba mudada de piel de nuevo…

Preparada ya para escuchar la Murga de la muchacha y pensar en el rocío que sus labios daban y no bebió.

Atrapada en libertad

Siempre termina volviendo esa sensación a ella. De que vivir con libertad es también abrir el campo de visión. Ves más, mejor panorámica, pero también te ven más, quizá estás en el campo de visión de muchos más vampiros y vampiras. Y aumenta la probabilidad de que chupe uno de los oscuros en vez de morder la mamba…

Miedo. Otra vez. Duda. Sigue, una vez más… tú puedes, Rai. Siempre pensamiento circular que envuelve las reflexiones, las paradojas de la realidad que te acunan. Que te atan a la vida mediante un fino hilo de seda.

Y malestar. De nuevo. Miedo, otra vez. Porque tú quieres hacer algo pero te retraes, por prudencia. Sueltas las riendas a la locura que te llena y le hablas entre lágrimas. Y luego, quizá, piensas en ese hombre que ansías en tu cama, ahora por delante de todos, incluso del más deseado en cuerpo y alma. Sale. Lo sacas de tu vida de nuevo… PORQUE TÚ PUEDES. Tú puedes…

Tú puedes, como una tonta, sacrificarte. Tirar para adelante sin seguir tus instintos y tus sueños aún, ya de vez en cuando, con menos frecuencia. Pero lo sustituyes por minutos en semi ensoñaciones… Igual empiezas pensando en uno… y acabas en otro… O viceversa.

Que te agarra desde atrás con suavidad, mientras cuela una mano por entre las piernas, y sube hasta tocar los labios por encima del jean, la otra ya se coló en la braga, y te mete dos dedos en la vagina buscando la instantánea humedad que te provoca aquella frase al amanecer… te erizas, como con nadie en la vida… te deshaces mientras te abraza con su erección ya palpitante…

Esa piel no la sacas (me acerco a vos…) si no es con otra piel, estás presa en tu isla, en tu ciudad…

Tú puedes posponer eternamente tus deseos porque nadie ha de sufrir porque tú seas egoísta. Pero te encabronas, entonces ya no te vale.
Has llegado a un límite y ya no piensas así, sino que quizá, sólo quizá, piensas que es lo contrario: si tú estás bien, te disfrutan. Si estás mal, te sufren. Esa es la cárcel de mi corazón amado, del mío propio. De la de todos un poco, quizá, también.

Presa en la isla, en el pueblo, en la ciudad, en la montaña, en la comarca…
En tus convicciones…

Desear es amar. Una piel por otra y miedo, – otra vez-, de echar de menos algo, aún por determinar, como todo lo que envuelve a Doña Carnal y sus nuevos amantes en línea. Se van conociendo sin presiones porque ella no puede dar a nadie más de lo que da, pero habrá una nueva manera de vivir por el virus, que pondrá en alza el contacto físico que se restringirá. Seremos más sexualmente virtuales y la piel causará, a su vez, un halo de objeto de deseo con aire de renovado erotismo. Lo lúbrico será entendido cada vez mejor y las tendencias ideológicas castradoras del deseo sexual perderán terreno en el pensamiento humano. Tendremos que ser mucho más limpitos, prudentes, asépticos y profilácticos. Por obra y gracia de un contagio mundial masivo. La distopía sexual de Demolition Man está cada día más cerca.

Está más cerca la verdad: el amor es finito y sin deseo no está presente en tu vida. Deseas besar efusivamente a tus mambitas, las reconoces un olor especial, a cría tuya que te inunda el torrente sanguíneo de hormona del bienestar, solo con tocar su pelo en una caricia. Es tu cachito de vida desprendido, a la vez que independiente. Muy importante.

Si deseas estar en brazos y latir con alguien a quien deseas, estarás preso en tu isla, atrapada en libertad, pero ya no lloras, porque tienes un deseo, un anhelo que te mueve, y sí, HAY MIEDO DEL AVERNO, PERO MÁS AÚN DEL HIELO.

Y ella ya se fue lejos del SR. FRÍO, por dos ocasiones. Porque ELLA PUDO.