El juicio de los necios.

Ella estaba sentada en el borde de la cama. Noté en la nuca su mirada mientras cerraba la puerta de la habitación. El hotel estaba apartado de todo, perdido entre carreteras secundarias del norte. Un escalofrío extraño recorrió mi espalda, al ser consciente del silencio que nos rodeaba, sólo roto por nuestra respiración, serena la de ella, la mía conteniendo un aullido de exaltación.

Tras el sonido de la llave girada en la cerradura, oír: “Ven…” Y girarme hacia ella, iluminada por los rayos de la media luna, filtrados a través de la leve ventana. Alta, piernas largas e imponentes. Unos rasgos duros en la faz que sonreía con timidez, forjados como máscara para la dulzura vulnerable. Poderosa melena. Vestida con falda y blusa, cruza las piernas coqueta, usa tacones de charol. La imagen desde el umbral ya me arrebata, ya noto mi perturbación y aún está a metros de distancia. El impulso frena, aterrado veo la esclavitud en sus pechos, que se insinúan ardientes bajo el satén porque ella ahora también me mira y respira más profundo que antes. Parado, reteniendo la imagen en la mente para guardarla ya siempre, dudo de lo que va a suceder allí…

Ella repite entonces, con voz susurrante: “Ven …”. Y estira su mano como quien pide agua en el desierto, quebrándose algo en mi interior.

Y sentado a su vera, no lo dice con palabras, no. Nos miramos a los ojos, mientras nuestros dedos tocan el cabello y la cara del otro, empezando a construirse el mapa. No lo dice, pero su corazón late fuerte y me guía. Desabrocho dos botones de la camisa, colando los dedos dentro del sostén. Su pezón duro, suave… que me implora desnudez y humedad. Ella sigue sin decir nada, suspira y asiente su mirada, que ahora se me antoja con un brillo de lujuria.

Pero finalmente mi indecisión o su sensualidad urgen:
Desnúdame entera, hazlo tú, por favor…”

Y obedezco, solícito, terminando de desabrochar, con sorprendentes hábiles dedos, la tela que cubre el encaje de serpiente, mientras ya noto apretar la de mi pantalón y los de ella están deslizándose sobre mi verga audaz, con curiosidad y deseo. La ropa interior negra y su pelo rojo se me antojan de repente un perfume de posesión demoníaca, mientras ella apoya su espalda en el lecho y se desabrocha el corchete de las escamas superficiales. Atónito por la ofrenda, quedo en jaque tres segundos. Pero sonríes y me invitas… me aproximo. Retiro las copas suavemente, tras reptar ya loco hasta su altura. Ahí están, como reclamo del deseo que ya no cesará en horas, preciosa carne erecta esperando mi boca. Tu suspiro de placer, al entrar en contacto con tu piel, eterno oasis en que se perdió mi conciencia durante minutos de éxtasis sensual. Ya sin más, desatarse la prisa por estar desnudos el uno junto al otro, fuera mis ropas ajadas por el cansancio de esta búsqueda larga con destino. En segundos haces lo propio con falda y medias, rápido, pero mi ansia por poseerte te quiere ayudar y rompemos tus bonitas bragas. Y gritas y ríes, y yo, que deseo poseerte ya, con una erección de caballo, siento algo arder dentro, muerdo dulcemente ese cuello, de aquella imagen en el avatar, al día siguiente de confesarnos la atracción. Ahora gimes, mimosa, y me das la espalda en grupa, de rodillas. Te voy a amar como te mereces, y así lamo mis dedos y busco por detrás tu vulva, siguiendo con el mapa, aunque deseo entrar ya en ti. Ahora los gemidos son largos y melosos. Mi saliva está de más en tu sexo. Y lo dices, lo pides, lo imploras.

Y ya sí, te poseo y gozamos de la electricidad única, del amor convertido en sudor, espasmos y placer físico. El mejor. El único e incomparable para los esclavos del deseo.

De lo que mi alma vive, del deseo de amarte a escondidas de todo y de todos, pero no porque no seas digna de mi admiración. Sino para darte todo: mi amor protegida del juicio de los necios.

Collage.

Tengo una videoteca en mi cabeza, llena de referencias conscientes de los eventos importantes de mi vida, cientos de álbumes con miles de fotografías. Entre dichas imágenes hay una red de nodos, entre personas, hechos, frases pronunciadas, con efecto sanador o lapidario, pero todas ellas expresiones de un tiempo concreto, enmarcado en un periodo de cuarenta y algún año de existencia.
Hay un recuerdo nítido y concreto, que mi madre contaba a familiares y conocidos, de una noche que, tras aparcar el coche en la Avenida más popular del barrio, caminaba con mis padres hacia el portal de casa, en la calle Santiago, a unos doscientos metros de distancia. Tendría unos tres años, e iba protestando porque les pregunté la razón de haberme bautizado si yo no quería, que era bebé, que me mojaron y lloré (esto sí, claro, según me habían contado y había visto en las fotos que mama atesoraba, de cada uno de nosotros); por lo visto ya montando la mundial a esa edad, hecha un basilisco por tamaña injusticia. Y además es gracioso que no me faltara razón, siempre me lo ha parecido.
Mi flash es sobre la imagen dinámica, de caminar hacia casa con mis padres, pero la conversación, quienes siempre la recordaron más precisa, fueron ellos, claro.

La cuestión es que mi madre siempre conoció muy bien esa capacidad de retención visual, que también tienen mi hermano mayor y la más pequeña.
Reflexiono a menudo sobre esto. Sobre la dificultad que supone tener una característica concreta que te hace parecer un bicho raro a los ojos de los demás, con frecuencia.
Cuando no es peor aún que la perplejidad, en esos momentos en que se masca la suspicacia y recelo del receptor de algún comentario con datos identificativos que has retenido hace tiempo, desde quizá la única otra vez que os visteis u os presentaron, cuando a la otra persona, como mucho, le suenas de antes, sin poder ubicarte de más. Esto puede parecer una insignificancia, desde fuera. Desde otra perspectiva más cicatera, si se quiere,lo cierto es que tu “carta de presentación” es que retienes todo lo que sucede a tu alrededor con precisión y detalle. Y ya no es que no se produzcan semblantes de sorpresa con agrado, sino que, además, hay personas que tienen la necesidad de comentar algo acerca de ello en alto, poniendo enseguida el foco de atención en “tu cosa” si estas en una reunión con más gente. Me ha pasado en no pocas ocasiones sentirme como un mono de feria…
Persona random: -¿Y a mi?¿me recuerdas de antes/algo? YO: ¿¿¿EIN???

Desde que no la tengo a ella a mi lado, me falta ese apoyo incondicional de quien te conoce como la palma de su propia mano y por eso te comprende como nadie jamás podrá. Algo que yo veo que, por la misma razón, no quiero que les falte a mis hijas, ese nivel de comprensión único de quien te conoce hasta el alma y te ayuda a verle el lado bueno a las particularidades tuyas. A esas que pueden marcar la diferencia y ponerte en el punto de mira indeseado o inconveniente. Siempre ojo avizor, mami. Te quiero y te echo de menos mucho.

<<Sé que ella quisiera regalar sus superpoderes…
igualarse a los demás>>

Porque necesito decirlo.

<<A veces se enciende, a veces se apaga, la llama sagrada que tú y yo conocemos… Leña que ha de arder…>>

Hoy me siento igual que el resto, tablas de salvación, de cura pasajera, que utilizaste, y a las que acudiste para echarla de menos a ella.

En mi nube de algodones en la que nunca me rechazarías si sabía respetar tu espacio, había fabricado un cuentito lindo, de color de rosa, para escapar juntos. Y a veces añoro ese cuento, porque tristemente el recelo tuvo que volver, se ha instalado para poner excusas, para rechazarte yo, para reponer mi amor propio echando atrás hasta aquel 12 de mayo. Ese día no debía estar a esas horas donde estaba y tampoco debí mirar si había respuesta.

Que te arrepentiste de la cita mucho antes de los primeros reparos y también que no debimos vernos, son dos pensamientos acerca de lo que pudo no haber pasado,- pero sí pasó -, que no se van. Lo sé ahora que es muy tarde para lamentaciones. Y no lo sé por dudar de mi amor, al contrario: este daño es mucho más hondo de lo que he querido reconocer. Es la primera vez en mi vida que sé que no quiero volver a enamorarme más. Que solo me ha servido para sufrir en todos y cada uno de los casos. Que esta última vez es la peor porque estaba más segura que nunca de luchar por estar a tu lado y, sin embargo, por amarte más que a ninguno, no luché nada. Hice lo contrario, dejarte ir, no aprovechar las oportunidades, aunque fuera una sola noche, recuerdo cada uno de los momentos en que quise abrazarte fuerte, hablarte desde mi corazón. Y eso es lo que justo no hice.

Y más veces. Después. Debí ser más valiente, afrontar todas las dudas en mi cabeza, hablarte. Pero es difícil llegar a ti. Mucho. Consciente de eso y de la desigualdad entre nosotros. Yo mucho más incontenida con mis problemas que tú. He sabido más en el antro que por ti y nunca he sido capaz de decírtelo por miedo a herirte.
Hay tantas cosas pendientes por decir que me cuesta mucho cerrar este capítulo de mi vida. No puede ser un archivo definitivo ni aunque me lo propusiera con verdadera convicción, porque volveré a tropezar una y otra vez con los recuerdos y asuntos no aclarados en mi mente.
¿Y cómo se hace para parar esto? Sólo se me ocurre estando ciega de benzos o fumada todo el día. Porque duele la herida mal cosida, amor, y no puedo evitar aún que salgan de mi boca estás cuatro letras cuando te pienso, en voz alta, “Mi Amor”, y en la tecla cuando te escribo, en letras mayúsculas.

Tengo miedo de esta oscuridad. De que siempre esté ahí y no se vaya. Y el único que me saca el dolor, pero tampoco todo el rato, me recuerda a ti. A ti te buscaba, en realidad, a la desesperada, entre fantasías de regresos entre antifaces y princesas prometidas. Pero es que yo soy más de manejar la nave, como Moana, y menos de esperar a mi héroe al rescate en plan Buttercup. Y sin saberlo del todo, siempre he tenido la sensación de que, como mamá hacía con la gente, cuando la conocían mejor, te he desarmado. No soy lo que creías al principio del todo. Viste algo pero era sólo la sombra.

En mi caso, soy yo la que decide que no me compensa ser capitana y recibir compañía y comprensión, nada más. La sirena del barco, con sus siete señales acústicas, ha hecho aparición en escena demasiadas veces ya. Estoy crispada en una relación que no le da bola a mi verdadero yo. Que es en realidad lo que siempre fue el objetivo en mente, desde que empecé a aplazar mis sueños, muy temprano. Cuando la tempestad pasara, recuperar mi derecho a sentirme mujer de verdad. Y ya contaba con que pasara esto, que no fueran los compañeros de andadura del principio los mismos que los del final. Porque sabía que tenía fecha de caducidad mi relación pasada, igual que sé que las tienen las futuras. Y nunca, quizá por lo que me pasó y la herida más jodida de cerrar de todas que me abrió en canal, he entendido a las personas que mendigan el amor. Esa línea la he traspasado según mi magnitud de medida contigo muchas veces. Hace veinte años que no me siento así. Y en este caso era yo la intrusa. La diferencia es obvia. Hoy lo es. No tengo veinte años, tengo más de cuarenta y la crianza de tres a mis espaldas. Tengo derecho a decir que no tengo nada que aprender de esa persona porque mi vida es otra. A mi me tocaron otros asuntos que afrontar y resolver. No admito comparaciones porque a ella la conoces. A mi no. A mi no me has tenido a tu lado. Tú que sabes. Cuántas veces he apoyado, perdonado, comprendido, -y sigo comprendiendo- acompañado, y follado porque amaba con todo mi corazón. Tú no has podido sentirlo, no te has dejado. Cómo te atreviste a semejante comparación, que cuanto más la pienso más me duele. Tanto juicio sin conocimiento de causa me aleja de las personas. Y de ti también.


Para que me vean como una mujer objeto a la que meter en vereda, pero no de la forma que a mi me gustaría, encima. No ha nacido ese hombre… creo.
Y resulta que si estoy cerca de que me satisfagan más plenamente el hambre animal, será con una persona que ama a otra mujer, al igual que yo te amo a ti y no a él, pero que sabe amar como yo, con total entrega, pasión y dulce preocupación por el otro. Y eso era lo que yo buscaba en ti. No más. No menos. Momentos de fugaz felicidad. De sentir que otra persona siente contigo y por ti, que te da lo mejor de sí, su alma apasionada al descubierto, para ser amantes furtivos durante minutos de coincidencia en días, que pasan a ser cada vez más frecuentes, ya ocupando horas a la semana. Probablemente habiendo superado ya nuestra media.

Somos mucho más activos. Porque esto, a pesar de que es un verdadero chollo y me ayuda mucho, es sexo. Bueno de verdad y sin tapujos porque no hay medias verdades para no herir al otro. Se dice la verdad sobre lo que te pasa. No así, sin saber si se puede confiar.
Callando. No era que confiara yo. Quien ama confía. Tú no confiabas, estabas maleado por el antro. Quizá hoy sigas pensándote en riesgo, mientras sigues alucinando de que haya alguien como yo. Que acepta que no me amas y bon voyage.

Me conformo con estas letras de desahogo. Con mi creencia dogmática de que no sabes y de que era yo, porque necesito una fantasía para remar en este río amargo que dejaste.

Y seguiré esperándote, porque sigue habiendo un rayito de indignidad en mi cuando de Nadie se trata.

Soy el fuego que arde tu piel
Soy el agua que mata tu sed
El castillo, la torre yo soy
La espada que guarda el caudal
Tú, el aire que respiro yo
Y la luz de la luna en el mar
La garganta que ansío mojar
Que temo ahogar de amor
Y cuáles deseos me vas a dar, oh
Dices tu, mi tesoro basta con mirarlo
Y tuyo será,
y tuyo será…♪♫

‘TUYO’ | RODRIGO AMARANTE 2018 | BSO ‘NARCOS’ |