Más veneno.

*Retazos de sentimientos puestos por escrito.

Llorar por los rincones. En ausencia de ella. Callar lo que te duele; entonces la amas como a nadie. Llevar la pena dentro de nunca volver a oír su voz más.

“Y pensar en él y encenderse el deseo de tocar la propia piel, imaginando sus manos, que son las que acarician tu alma, sin estar cerca”.

Y estar muy lejos, de hecho. Tan lejos como un imposible. Pero la certeza de la sensibilidad que se aisló del mundo, aún a costa de su felicidad, de la de ambos. Y una mierda de comunicación… también por todas las interferencias.

“Y convertir la vida en penar, sin él, en verla pasar, sacrificando la alegría de tenernos y de verter la risa y las caricias, sin vetos ni culpa… Que un día se reencontraran despojadas del dolor de la distancia insalvable”

El castigo es la renuncia. Tu renuncia a ser feliz, condenando la dicha propia, que me obliga, por ser tan profundo este sentimiento, a respetarlo, aunque se me antoja una insensatez inflamable. Y la rabia de pensar que nada de lo que te sucede es justo.

“No hay que pagar ningún peaje para volver a empezar. Tu honestidad es tan pura como injusta conmigo, pero porque nunca tuviste en cuenta mi opinión ni quisiste aquella conversación”

¿Y volver a empezar de cero? ¿tras una promesa rota? Nadie se queda al lado de la lágrima congelada, que se rompe si intentas tocarla.

“Aceptar que era un bello paraje que antes fascinaba a propios y extraños.”

Vivir con la duda eterna de tus silencios a mis dulzuras, nena… Nunca saber si callabas por no herirme, al no sentir igual. No entender las formas… nunca. E intentarlo, para conocerte mejor, porque ya te amaba y no lo viste…

“Pensar que callabas por no herirme, vida, y a la vez pensar que te veías idealizado, en mis ojos tristes, y que quisiste sacarme del auto engaño de tu amor, pero que querías evitar mi ira… al no sentir igual. Y no entendí nunca tus formas. Por más que lo intenté, porque no se ama, en realidad, si no se conoce… ¿Por qué nunca dijiste simplemente un ‘NO-TE-QUIE-RO. ¡OLVIDAME!? Pues eso es justo lo que no hiciste”

Justo no hice mandarte por ahí a chingar a otro por ser delicado y siempre ví que la cagué. Que pretendías el drama de “es un cerdo, se aprovechó de que me supo seducir, o algo así”. O eso o lo otro. Renegar de lo que no supiste y crees saber. Que hay frío y desamor. No es ninguna, lo sabes y te da igual eso.

“Quizá sí necesitaba hacer de la situación una tragicomedia de tu falta de entereza, por mi orgullo herido de tanto ir y venir y sentir en verdad que había acabado, sin decirme nada… Quizá necesitaba, para no seguir anclada en el dolor la creencia de que te marchitarás por la renuncia, dejar correr el a veces necesario y sano despecho, con el que compensamos las que no somos celosas, por nuestro amor propio y pizquito de dignidad: pero, justo por cómo amo, al segundo ya me siento mal y responsable de todo. Y de nada. De partirme el corazón por las cosas calladas meses y meses…”

No eres tú sola a la que el corazón le ha estallado, no solo tus lágrimas arrasaban y no podía decirte eso, lo habrías malinterpretado… de nuevo. Lágrimas contenidas durante meses. Y si yo era impedimento para recuperarlo con él, también. Ahora me dirías cínico…

“Y esta sensación de ardor infinito, de que no salgan las metáforas ya, de querer aclararlo todo, punto por punto… o bien todo lo contrario. Olvidarlo todo. Hasta dejar de escuchar las canciones, si es preciso. La huida hacia delante y el tiempo hará su trabajo. Y el hielo y la distancia. El silencio perpetuo…”
Pero tú siempre serás la bola de demolición que provocó las letras crudas …

*Este post es una composición con manuscritos volcados en papel, en los últimos meses, cuando el pc no estaba a mano y el smart phone no me resultaba cómodo.

Y volver a ser quien era.

¿Qué se ha llevado él que otros no podrán llevarse ya?
La voluptuosidad de los treinta, de una mujer alta, rotunda, entrada en carnes, con curvas y prieta aún.
¿Qué más hay aquí que contextualizar?
Los orígenes. Se ven, están aquí presentes y, aunque es un testimonio incompleto, porque falta el inicio de los espacios personales de Microsoft, lo fundamental está, a cachitos. Es parte de una vida nacida en el norte de la fría meseta castellana. En una ciudad conocida por su ultra conservadurismo, donde hasta en el barrio obrero del que ella procede, hay mayoría facha en los resultados electorales, sea del tipo que sea la convocatoria.
Se llega, por circunstancias, a su paraíso soñado, huyendo del frío y de la presión familiar y del entorno. Intentándolo lejos del etiquetado social y de las barreras entre clases; no ya para progresar, sino para salir adelante, en su situación personal. Sin embargo, a pesar del mayor aperturismo sexual, se topa con una sociedad más cerrada aún en algunos aspectos, por el proteccionismo, también para las élites que explotan al pueblo, de todo lo extra archipelágico, sospechoso casi siempre de ser un nuevo intruso aprovechado y enterado. Pero haces tu vida y te adaptas a tu manera, y se vive hacia fuera, la luz y el mar, la tierra quemada. Te posee el ciego amor a la isla, como un ser vivo más, y su subyugante paisaje de océano y lava, cuya exuberancia hace que tu lozanía se refresque, que tuvieras una necesidad brava de mezclarte con arena, viento, oleaje de sal.
La piel revive sensualmente, destapada, al sol, sin cuatro mantos de ropa en enero, desnuda sobre la orilla del mar y remojada por la espuma de las olas. Se exfolia en un manto de lenteja de basalto, se ensaliva para amar, encondidos en un hueco. Se muestra accesible como manzana para morder, se presta al roce con otra piel, busca el tacto de lo que la enciende, el rubor que la acoge y da brillo, el abrazo tembloroso tras salir de la marea…

La piel era ella. El amor era piel. Siempre lo supo. Por eso aquella necesidad. De primero la piel. Para no engañar ni engañarse. La piel no se pospone, es lo primero. Si la piel no funciona, da igual haberte enamorado de una cara, de una voz, de unas manos, de unas letras…
No de unas letras, no. De una persona que las escribe, que es muy distinto.

A veces pienso esto, en si leerás. Y en caso de que lo hagas, en si pensarás
que es una de mis intenciones, enamorarte con mis letras. Siendo extremadamente honesta, no pretendo ni muchísimo menos que nadie se enamore de mí con mis letras, eso es pueril, problemático y diría que incluso mediocre e increíble, si no fuera porque existen el micro blogging y las rrss. Además, yo, al menos, no me liaría con mis escritores ni escritoras favoritos. A ninguno les veo así, platónicamente. Nunca me ha gustado ningún escritor, ni de los buenos, ni por su talento. Esos menos aún, que anda que no hay que llevar carrerón en el coco…

(Decía que) Sí de la persona que hay detrás de unas letras bellas, crudas. Puede coincidir o no hoy en día con más frecuencia que también escriba para “no enamorar” maravillosamente, porque la red facilita a muchas más personas expresarse a mucha más gente y distancia. Así ocurre. El aumento de probabilidades siempre ha estado ahí, de encontrar a alguien con quien hablas, en la otra orilla del mundo, sin que sea irrealizable ni inaccesible por caro a los menos igualados, y que algo, sus letras en un chat te hagan darte cuenta de que el azar lo ha puesto ante tus ojos. Aseguras que se ve, se siente rápido, ya lo has distinguido. Y quien lo siente de verdad, desde lo más hondo de su corazón, salvo escasas excepciones o problemas graves con la gestión de los afectos, lo dirá al otro, necesita decirlo. Piensa que le hará feliz incluso si no es correspondido, como es natural. Así volviste. Por la puerta grande. Habías dejado de decir que amabas largo tiempo, y en cuanto lo sentiste, vas y lo sueltas a bocajarro, de buenas a primeras, no te lo aguantas. Sabías que él no, pues no sintió el mismo impulso (o no era impulsivo, quisiste auto engañarte un poco, muy poco tiempo). Pero no pensabas ser un problema, nunca lo viste. Ni dañarlo. Y por eso creíste que faltaba la piel. Y entre medias él reflexionó en tu daño y en otros algunos posibles más análogos e improbables tales que … Sí, estaba acojonado, aunque disimuló relativamente bien, porque tú ibas hecha un flan. Pero con el tuyo se equivocó tanto… no entendió tú manera de amar y tú no entiendes qué pensaba que esperabas tú de él.

Y ves que no supo. Que no te salió bien y ahora volverás a intentarlo mejor. Como ahora sí saben. Que necesitas dar, dar, dar… Amar es dar amor y que te dejen dar amor. Que no te hagan sentir tan sola como boba por dar amor y recibir indiferencia. Hielo. Silencio.
Pero distinto. Un silencio, el del que se bebió tus años mozos, que también se comió años de tu dolor, siendo justa, aterradoramente indiferente. El del que se bebió tu deshielo a medias, te asustó y se asustó. Entonces calló. Callaste. No quisiste hacerle sentir responsable de lo que no lo era ni nunca lo fue, no sabes si habrás conseguido que sepa eso. No sabes hacerle responsable de otra cosa que de ser falsedad hecho letras. No de tu dolor de incauta novata, (que asumes, así espabilas a la próxima, que para ti sabes que esta fue la primera vez que te ocurrió) y que, de todos modos, no creyó hasta que no tocó piel. Y Confirmaste. Ya se lo dijiste.

Empecé a escribir sin escribirle a él directamente, a mi alma allende los mares, nunca supe si leyó o no. Nunca me dijo si alguna carta le llegó a rozar, cuando aún podía decírmelo. Esos silencios son extraños. Porque no soy nada supersticiosa, nunca en veinte años madre vino a verme. Si no lo hizo ella, no lo hará nadie, por tanto sería aún más raro aferrarme a que siento presencias que ni sé si están. Siendo lo más probable que no, y que no vayan a estar nunca más, si alguna de las cartas fueron motivo, como yo pretendí, de su “basta ya”…

Volverás a ser como antes de tantas trampas. De tantos hombres. Porque necesitas tutelaje, según tu hermano pequeño, “caíste en la trampa”, del primer hombre en mi vida que fue un hijo de puta.
Que no, Fulano, vamos a ver, yo te cuento cómo va la movida y la historia del media-punta. No fue que él fuera un cabrón con pintas, sino que mi hermana es tonta. Pero va de lista. Ya es hora de que veinte años después esta creída reconozca que cayó en brazos de un ‘enviar a todas’ (cuando solo había sms)

A quienes no quieres dar no darás y eso también es volver a ser tú.

El amor leal es el amor auténtico, ni fingido ni pactado. Yo estuve allí y sobreviví a la muerte en vida. Al modo de NO SER más peligroso que hay.
Los no vivos del amor con aduanas.

Ya has estado en la letra y la piel. En el conjunto de amaneceres hermosos que es reconocerte fácil en otro que te quiere dar. También dar, dar y dar.
Entre dos.

Y volverás ahí.

Catwoman de verde.

Con pinturas de guerra. En el avatar de súper-heroína felina con sombra y purpurina verdes. En la foto antes de embarcar… de camino a ti. Hizo lo que fue a hacer. Un trámite. La derrota es tuya, que no lo abrazaste con el fuego que trajiste de regreso al volcán.

Eso temía él, antes de verte, esos fantasmas de dejarlo todo y plantarla de cagadas. Se dice tonto y la tonta fuiste tú. Ahora lo ves. Que no se lo demostraste. Tú llevabas los tuyos propios y pesaron más que tu propia felicidad. Hiciste tu propio fracaso y le reprochaste a él. La oscuridad que vendría, tras de no poder volver a veros.

Típicas alegorías de preguntas y cuestiones en las que re loco acabaría tratándote de bobita linda. Y tú enfadada. Porque eras tú, con él. Puramente tú. Incluso arrebatada, eras tú. Y él lo sabe. Por eso le hacías reír. Por eso le amas. Porque…¿entendió?

No es eso, nunca fue. Sí es en parte, guardarte en canciones secretas. Pero no soy yo quien tiene problema en compartirte y el Indio es un embustero ahí porque no es la preferencia. Es ser libre contigo, que me lo espoleas, aún sin estar en mi vida y añorando esos susurros siempre.
Nunca fuimos sino amantes, excepto cuando debimos haberlo sido. Así de al revés está hablar de lo nuestro, sin empezar. No será poco tiempo el que te ame, pero no creo en la suerte, mi rosa oscura, mi soñador…

Esta duele, te quedas con lo valioso, te lee, o eso tú has dicho. Pero lo cierto es que no fui yo la gran mujer y no preguntaste si yo pretendía ser éso. O si simplemente quería estar a tu lado cuando quisieras estar conmigo, sin necesitar preferencia (¿Cómo sería eso posible?) ni estatus de ningún tipo.
Días con una mano, en el año. Como mucho.

¿Quién se entregó, quién no? Ay, no soy yo de santos, sí de reproducciones.
Tu vileza y tu bisutería macarra de lucir en el antro, viejo indio, ¿a mí me quisiste vender ese queso? Nunca dudé de la falsedad. La tuya también. pero hay corderos vestidos de lobos, también. Caníbales de sirenas varadas que se tornarán mambas, reviradas en la ira del amor negado.

Silencio ante el dolor hace poso. El temblor del que habla es el volcán. La islita es voluptuosa y te mimetizas con ese carácter… lo de no entender la oscuridad te suena blando y no puedes pasárserla y te da igual ya todo, Rai. Esta no se la pasas a Pájaro Guía porque se ha pasado de naïf, que llevas treintaypico de años viendo la cara oscura de las personas. Parece un acomodado comunero de tres al cuarto el pobre viejo Alberto.

No interpretas nada más que un lindo tema que no compartes en lo que tú lees de metáfora existencial errada, de viejo de vuelta de todo. De repente una negrura, pero de lado oscuro claramente reconocible, la sinrazón. Asociada a la muerte de una manera tan trágica, que me recuerda mi propio eterno y exasperante duelo no resuelto por cien mil cosas a la vez y que se resumen en una: ausencia de libertad para decidir. Por dos veces. Los muertos en vida. Las imposiciones morales de los demás, los juicios sobre los caracteres forjados por una vida aleatoriamente compleja, como tantas otras historias humanas sobre el Planeta Azul.

Favorita. Impactante por la coincidencia con mi filia. Maravillosa. Alguna paralela, otras con otras personas de tu vida. Mi deseo y tus dudas, y al revés. Demasiado poco: los dos estábamos aterrados, la pequeñita mamba aún saliendo del huevecito.
Ironías, nada, ni bien ni mal, en realidad sin dar otra oportunidad a otro deshielo de nuevo. Nada hablado con sinceridad.

Con un vestido floreado, no con una falda. Y no era la muerte. Era la que vio lo que pasaba entre bambalinas, recién te encontraba. Y recuerda comprar ese trapo, no por moda, sí por querer sentirse bonita de nuevo para alguien que se fijaba como ella necesitaba. Pero fue una mujer muy débil, en el peor momento. Sabe que la de la Guadaña espera al segundo fracaso. El tiempo es inexorable, las modas ni rozan la relevancia de aquel.

Hay aún muchas interpretaciones fallidas por el léxico, pero la sonrisa sí está en los ojos. Y diría que el perro viejo que utiliza el rock para ligar con zorronas dio con una idiota que dejó el pabellón de loca del coño en el antro, bien alto. A cuentas de caer (o no, pero qué mas da ya todo) en las garras de un avatar personaje del carpe diem. Por decir algo. Cinismo a raudales o no entendí nada, tras la cruz de la confusión.

Esta me echa fuera, me parece cobarde y no hay encandilada ya ninguna en ese antro. Cuando ha caído el telón de lo que quizá ya no fuese. Pero… ¿era y participaba de esa competencia por la popularidad?
Aumenta la confusión. Cuando nunca estuviste preocupada por tu reputación ahí, pero de manera auténtica. Le veías la cara, la dimensión paralela de la que estabas más o menos out del círculo del salseo. Sin ver, ingenua, el peligro, metías a veces la nariz.
Resulta que reflexionas sobre algo que alguien importante en tu vida te repetía mucho: “Que tú no te querrás enterar de lo de los demás, pero los demás sí quieren enterarse de lo tuyo…”

Galimatías con vida laboral incluida en una estampa retro turística del Lanzarote de los 60, y de los sonidos más bellos plasmados. Aunque en roles inversos de género, es una linda representación de la perturbación que suponen los clientes tras la barra que te atraen o viceversa en un gremio que tiene un código de comunicación universal y todo es nostalgia y también mucho tiempo atrás.

Historietas de parias que se auto excluyen en tiempos en que nadie sabe y todo el mundo sabe dónde hay que estar. Todo el mundo sabe lo que es el amor pero nadie lo sabe. Todo el mundo sabe qué es la lealtad pero nadie es leal. Todo el mundo sabe lo que es la locura y te dirán lo que has de ser y hacer para que te tomen por cuerdo. Si te interesa o no es lo de menos. Lo harán, te dirán. Incluso con el silencio te dirán.

Sí son mejores que nada. Me expresan. Soy yo. Puedo arrepentirme de algún mensaje que llegó por ser feo, porque te doliera verte en un espejo que yo sujetaba. Y estaré equivocada, muerta en vida, pero sigo siendo de expresarme y no callarme. ¿Miedo y deseo lo empujan? No es eso, nunca fue. Me enamoré más el día que le vi la herida sangrante. El día en que la abrazaste a ella y su silencio. Un silencio nada inocente, justificado, quizá. No lo sé ni lo podré saber nunca, ni tampoco lo quiero saber. Pero la que has dejado de amar, la que sufre tus silencios, sufre por los silencios del amor que no recibes, porque no está, cada día. Porque estaría, seguro estuvo, pero ya no está. Yo estaba a todas y hacía mucho que no amaba. No quiero un hijo, no quiero un padre, no quieras una gallina ponedora.
Ama a quien te hace sentir vivo.

Eso es todo lo que el queso y los pasteles dio de sí, sentado enfrente de la muerte. No sé si volveré a escuchar otro, si publicara nuevo.

Rechazaste las pinturas de guerra que me pusieron ante ti, finalmente. Nunca me llegó nada, ni me dibujaste. Dices que te gusta una cosa y buscabas otra, amor. Nunca llegó nada