Los príncipes azules no existen. Sé feliz, mujer.

A mediados de los sesenta, dejó de asistir al colegio.
Cuando su madre iba a lavar al río, ella debía quedarse en casa, preparando la comida y haciendo las tareas típicas diarias de los hogares pobres, en la posguerra española.
Empezó así, faltando de vez en cuando a clase. Con doce años ya no volvió.
Era la segunda de cinco hermanos en el seno de una familia de pastores.
En realidad, ella se sentía primogénita. A su hermano mayor “le temía más que a un nublao”, no había una relación de cariño fraternal. La daba órdenes y “la volvía la mano” si le llevaba la contraria.
Los privilegios que otorgaba el machismo, eran observados, impasible, por su madre. De hecho la infancia que ella tuvo fue aún más dura, era la disculpa recurrente.

Recibió tantos palos ya de niña, que con quince decidió salir del pueblo. Como tantas muchachas de su generación, se marchó a servir a la capital.
Contaba miles de anécdotas de sus años de doncella en el Feygón. Muchas de ellas tienen relación con mi visión de la clase rancia de la aldea. Gente que va a misa todos los domingos pero que a diario jode al prójimo más débil a su alcance…
Lo más triste es que ella, desde su asumida y frustrante ignorancia, recordaba con cariño a varios de ésos hijos de puta que limitaban su ración de carne a la hora de sentarse a comer.
Así conoció al padre de sus propios cinco hijos. Una persona también maltratada por la guerra. El futuro suegro había estado exiliado varios años y de regreso internó a la madre. En consecuencia, él vivió también una infancia de seminario franquista y desprovista de afecto paterno. Esto marcaría a fuego a sus hijos en los años de convivencia conyugal.
El día de su boda ella estaba disgustada. El corte que la peluquera había perpetrado contra su larga melena negra era uno de los motivos. Otro era que iba al altar embarazada y la daba vergüenza mirar a su padre, al que adoraba, a los ojos. Y otro era la manifestación explícita de su hermano desaprobando que se casara con ése.
Ella tenía 18 y él 21 años.
¿Cómo iba a saber ella que el hombre a quien amaba la causaría tanta desdicha?
Era una niña, como tantas de su generación, que salieron de casa pensando en hacer realidad sus sueños, y, huyendo de la pesadilla, se toparon con supuestos príncipes azules. Creían, con todas las ganas, en aquello que las inculcaron, en crear su propio hogar con sus reglas propias más justas. Se prometían no hacer lo mismo con sus hijas.
Y un buen día se vio sola. Sola y mal acompañada, puesto que su soledad estaba en la lucha.
Siendo como era ella, no podía permitir que la indiferencia de él hacia su propia sangre, afectara a sus hijos. Discusiones, reproches, depresión…
Incansable, nunca se rendía, capeando la violencia verbal y física y cayendo en ella irremediablemente.
De modo que cometió graves errores: sus hijos varones estaban impregnados… a menudo no la comprendieron, justificando las agresiones de él.
Su hija mayor tampoco se vio a salvo: las peleas con sus hermanos en la adolescencia eran frecuentes. Ellos creían justo que si trabajaban y ella “sólo” estudiaba, la comida o la colada eran responsabilidad de su hermana, así como estar las 24 horas del día cuidando de la benjamina.
A estas alturas, el agotamiento había hecho mella. El cansancio de vivir estresada siempre, fue acumulándose como los granos de un reloj de arena.
Ella hacía endiabladamente bien todo lo que le enseñaron por su condición de mujer…era la mejor cuidadora y la anfitriona más acogedora jamás vista…
¿Y si hubiera podido estudiar también, como siempre quiso?
Pero, dentro de lo aprendido, faltaba el cuidado de sí misma. Enfermó y se fue apagando.
Y se fundió, como muchas otras de su generación, derrotadas por el machismo sólo si no se las recuerda.
Y yo, a ella y a sus hazañas, las recuerdo todos los días.

Felicidades a todas las mujeres, por el hecho de serlo.

El Fuego o Castilla.

Como disyuntiva…
De momento creo que prefiero quemarme bajo la luz del Sol.
No ha sido una experiencia extraordinaria. Al fín y al cabo son tiempos éstos en los que, la primera visita de regreso al origen, es vivida por millones de personas en el mundo. Muchísimos de ellos como resultado de circunstancias mucho más trágicas que las nuestras. Y aún más gente no puede ni regresar.
Pero sí que ha sido una experiencia en muchos momentos asfixiante. Lógico, todo el mundo quiere quedar, lo que es agradable… El problema se da cuando tus prioridades no coinciden con las de ellos.
Cristina es mi cielo. Mi hermano Ru es mi ídolo y Silvi es, sin lugar a dudas, la mejor. Me lo ha vuelto a demostrar de nuevo. Adoro desde que era una enana a mi hermano mayor, a pesar de todo y siempre. Ra se carga con demasiada responsabilidad. Algún día entenderá mi postura, confío en ello. ¡La enana está preciosa, vaya padrazos que son Ra y Moni ! También me entristece que apenas la veré crecer en estos primeros años, que están para comérselos.
Mi padre como siempre…en lo suyo.

Es duro comprobar que eres egoísta y quieres volver cuanto antes a tu oasis…

Esta semana estoy sola en la isla lunar…bueno, está Audrey conmigo. Pero no está él…
A ver qué tal lo llevo…
Tengo el curso de formación por la mañana y saldré a dar largos paseos con la perra.
Pero no está él, que me hace subir la autoestima por tenerle a mi lado.

Lo bueno de la falta de control emocional es como vives el subidón del amor.
Tengo la suerte de llorar de felicidad con el roce de su piel.

Cuando tengo el día optimista lo bordo.

La repanocha de la eviada.

Hoy he comenzado a asistir a un curso de formación subvencionado por el SCE (Servicio Canario de Empleo ). Casi 500 horas me separan de la obtención del diploma acreditativo, que me permitirá acceder a prácticas en empresas para probar profesionalmente en el mundo de la asistencia social.
La eviada-paradoja está en la titulación. En realidad no estoy segura de si se trata de una paradoja o, por el contrario, era inevitable…
TÉCNICO ESPECIALISTA EN ASESORAMIENTO Y TERAPIA FAMILIAR.

La información referente al curso que despertó mi interés por inscribirme, indica que en los próximos años este tipo de ocupaciones tendrán gran demanda. Espero que así sea.
No obstante, mi intención al solicitar la plaza no ha estado tan relacionada con mi situación de desempleo como pueda parecer. Mi motivación se acerca más a una necesidad de conocer la manera de adquirir control emocional frente a situaciones que me crean gran ansiedad. Quiero saber cómo enfrentar mis miedos y cómo superar mis bloqueos, ésos que me impiden argumentar con lucidez mis posturas. Y para ello tengo que conocer cómo actuar frente a quienes desencadenan mi ansiedad y mi angustia, en el momento en el que la agresividad verbal y la expresión corporal amenazante invade la atmósfera, haciendome sentir ahogo y descontrolando mis emociones.

Hace ya un tiempo que tengo constancia de que personas que pueden sentirse aludidas por mis palabras, pasan por aquí. Pero nunca han dejado comentarios. Es más, pienso que no comentan por no descubrir su visita, creyendo que no sería posible que yo sepa que han estado. De hecho, en su fuero interno saben que no me extraña su falta de interés , aunque yo les haya dicho varias veces a lo largo de los tres últimos años, que tengo blog y facilitado la dirección electrónica.

Después de tres semanas desconectada de la blogocosa, cuando vuelvo me encuentro gratas sorpresas y el acostumbrado afecto en forma de “¡toc,toc!,¿hay alguien?”… (Sois la leche y… ¡Pitu va a venir a las Canarias!!!!)

Mi hermano Ru y mi cuña Nuri han estado unos días. Se marcharon el sábado y me he quedado con un amargo sabor de boca. Mis expectativas eran otras. Le he notado distanciado y más encerrado en sí mismo de lo habitual. No se lo he dicho porque pensaba que podía estropearle las vacaciones. A toro pasado veo que ha sido un error no comunicarme con él, puesto que lo que le atenaza le ha impedido relajarse y disfrutar. Con lo que yo he fracasado doblemente.
Él negará automáticamente su estado de agarrotamiento en cuanto le exprese lo que me ha transmitido éstos días. Seguramente dirá que estoy equivocada, que no lo entiendo.
Lo que no podrá rebatirme es lo que he sentido yo: he sentido su desconfianza y mucha brusquedad. Hubo días en los que me parecía estar en Burgos, rodeada de los malos rollos de siempre de nuevo. No era Ru en concreto, sino lo que traía consigo en la mochila, la mala hostia que le rodea allí…y de la que yo me he alejado. Me he sentido culpable por dejar allí a mis hermanos pequeños, rodeados de tanta ponzoña. Después sopeso las opciones y me tranquiliza tener una absoluta certeza de que el camino tomado es el correcto, el paso dolorosamente necesario hacia la independencia emocional , que era inconcebible rechazar. Pasará a ser un cambio positivo en el momento en que yo recupere las riendas de mis emociones.
El momento está cerca. Me cargaré de fuerzas para extender la alfombra de la comunicación más dialogante que me sea posible. Si quieren escucharme, me oirán. Y aspiro a conseguirlo sin derramar lágrimas, serena y templada.

Pero ya hace mucho tiempo que dejé de creer en las bonanzas de la unidad familiar tradicional. Si después de plantear mis posturas vuelvo a ser atacada y tachada de desarraigada, no intentaré hacerles cambiar de idea ni remover sus conciencias.
El tiempo es nuestro implacable enemigo, y ahora que he descubierto que aquí puedo recuperarme y ser muy feliz, no perderé ni un minuto más de lo necesario.