Humildad, rara avis

Usted… ¿de qué sabe?
Yo hago unas croquetas de puta madre y le saco nueve copas de vino a una botella de Protos, rácanos ración aldea, eso sí, pero éso es la alta hostelería… si es que puede existir tal cosa… Es ello lo que me provoca una sensación de posesión demoníaca cuando leo al chorras de Carlos Herrera en su columnita semanal, encantado de conocerse a él mismo y a su facha de galán hortera, en una diatriba encendida de si han de llevar o no mantequilla los gloriosos rebozos mencionados y , porsupu, el rabo y el tridente me lo rematan Ferrán Adriá y Sergi Arola. A esos dos no puedo ni verlos el jeto porque encima de gañanes disfrazados, tienen la jeta de hormigón armado y le sacan un 400% a la materia prima. Con lo que se permiten unas plantillas de cincuenta pinches-montaplaticos para servir 12 mesas. Ya me dirá de qué bolsillo sale tal dispendio…pues de los snobs que lo pagan, sin lugar a dudas.

Entonces…¿qué pongo en el formulario?

Pues que sé de muy poco… ponga que de cocina altanera…
Querrá decir alta cocina…
Llámelo como prefiera pero especifique lo de las croquetas. Son croquetas de autora.
¿Croquetas de autora?
Sí, nadie las clava como yo, oiga, todo el que las prueba lo dice. Es una pena no haber sabido de qué iba el formulario antes de venir a la entrevista…¡podría entonces haberle traído media docena! No me malinterprete. Es que de este modo me va mal. No me gusta la ausencia total de pruebas sobre lo que afirmo.
Me gusta que, cuando me tiro el rollo croquetero, haya oportunidad de demostrar que no exagero porque sean mis croquetas. Es más: a todos mis amigos les hago croquetas y procuro además saber cuáles son sus preferidas.
De hecho voy cantando la carta de croquetas allá donde se monte una fiesta concurrida:
¡A la rica croqueta, oiga! ¡las tengo al gusto del caballero, de la señora! ¡Tengo la croqueta de jamón: la faaavoritaa de los niños! ¡Deeee boleeetus, gaaamba, pollo,bacalaaao! ¡Para los valientes las tengo de morcilla, de piquillo, de cabraaales!

¡Ejem! Creo que ya he pillado el concepto. ¿Y desde cuándo ha acuñado usted el término? Digo…lo de la croqueta de autor, me refiero, porque, perdone que le diga, ¡es curiosa su afición!… ¿nunca ha pensado rentabilizarlo?

(sonrisa maliciosa)
Si dispone de tiempo y de curiosidad suficiente, yo le cuento la historia de la croqueta mutante…
¿La croqueta mutante?
Le hablo completamente en serio…
Por favor, estoy en ascuas, ilumíneme.
Verá: la croqueta de autor, en realidad, tuvo la oportunidad de ser la reina de la freiduría hace taytantos años… En aquel contexto de tiempo y de KH-7, andaba yo de encargada, que no de gerente, de la barra interior de un mega chiringuito de tapeo veraniego. Horrorizada por la calidad de los ejemplares que, de tan noble porción de gloria, hallé cuando tomé posesión de mi cargo, le propuse al gerente sin ánimo de lucro ni beneficio que se precie, -muy al contrario, perdí control sobre mis verdaderas funciones y trabajé más horas por el mismo dinero, además del componente de paciencia plus extra- enseñarle cómo se hace una croqueta enganchante como la drogaína. Sobre mi conciencia no podía cargar el ver a los clientes cómo se metían en la boca un rebozado anodino… y pagaban el sablazo con evidente arrepentimiento de no haber pedido un pincho de chorizo. Por no hablar de las reacciones de los menos diplomáticos. Esos humanoides snob que se piensan que en las cocinas de los bares están Neo y Trinity montándoles la alpargata de jamón en cero coma dos y que, si efectivamente no es así , se vengan y vuelven otro día a pagarte 20 euros en monedas de a un… céntimo y alguna de a dos. Céntimos también, ¿sabe usted? (verídico)
Fue así como creamos la croqueta perfecta. Perfecta para vender, claro, no para llorar de gusto. Y usted dirá que por qué razón no la hicimos perfecta del todo…
Imagino que fue porque no era rentable…
Se equivoca. De hecho no era posible conseguir la máxima calidad desde el inicio, pero con la práctica es posible llegar a rozar la perfección. Y yo siempre he pensado que el máximo beneficio va de la mano de la calidad suprema. ¿He dicho “va de la mano”?

Sí, eso ha dicho…(contrariado)

Quería decir que deberían ir de la mano. El caso es que yo no podía dedicarme a supervisar la cocina todo el tiempo y, con el éxito de las primeras raciones vendidas, al empresario le entró el fervor especulativo con cuento de la lechera y todo. Contrató a otra empleada más para multiplicar la producción de esta sacra y artesanal delicia, cuando hubieran hecho falta al menos otras dos personas y con el tiempo necesario -ya que comenzaba la temporada alta- para aprender debidamente la receta antes de sacar la tapa al público.
Ocurrió que, al integrar en la ecuación a una persona inexperta a la que apenas dedicamos tiempo para explicar cómo, cuándo y por qué las croquetas habían de hacerse de una manera u otra, se produjo una abrumadora acumulación de tareas de cocina que llevó irremediablemente a reducir el tiempo de preparación del relleno. Llegamos así al estadío latente de la croqueta mutante. Esto es, al cocer a fuego fuerte se produjo la quiebra con la croqueta de muerte. Ya se había quedado en buena en comparación con las de otros chiringuitos cercanos. Ya no era la puta ama, si me permite la expresión, de las croquetas locales. La gente volvía a la hora del vermouth buscando preferentemente el pincho de morcilla a la brasa. La ración de croquetas quedaba en un inquietante segundo plano cada vez con más frecuencia.
El jefe decía que la morcilla era muy del furor veraniego:
-“Dejemos que pase el tiempo del hit estival y todo volverá a su croqueta…¡digo a su lugar!”, dijo un día muy quemado de asar tanto chori-morci a la parrilla…
Pero, aunque lo negara, la croqueta era su obsesión. En un nuevo arranque de tacañería, ordenó a la cocina reducir la cantidad de ingrediente tropezón en la masa de relleno. Al fin y al cabo, al cocer rápido la leche, ya no tenían el sabor primigenio…¿qué igual da si quitamos unos trozos de jamón? El precio de la ración esperamos a subirlo cuando entre Agosto, que hay más jaleo y la gente entra y sale…
La croqueta mutante llegó entonces a la mitad del proceso. Tomó forma de bloque insulso de bechamel, con regusto a harina cruda y un tropezón de jamón minúsculo para los premiados. La ración  de callos, en pleno verano, tenía más demanda. Y es que… más vale un despojo bien guisao que un frito poco currado que tira a la engañifa. (Regla no escrita que me acabo de inventar)
Mientras mermaba el coste y aumentaba el beneficio de la croqueta cambiante a cada nueva tanda, el verano y la macroterraza provocaban miedo escénico al personal del chiringuito. Todos los días se enfrentaban a las mismas preguntas:
” ¿Daremos abasto para asar morro y chorizo para esta marabunta? ¿Nos darán las tres con el típico grupito cocido hasta el tuétano que pretenden convencernos de ir de fiesta con ellos para darnos la brasa suficiente que nos impida cerrar? ¿Cuántas veces nos quedaremos hoy sin tercios fríos o sin cerveza de barril? ¿Quién será el pijo que pida la carta de vinos como si esto fuera el Palace NH? O peor: ¿Quién pedirá el Rioja Diamante? ¿Cuántas veces al jefe de parrilla le dará un golpe de calor y nos lanzará objetos con ira e intención asesina? ¿A qué hora me pedirán la primera sacarina después de haber cambiado un descafeinado de sobre por uno de cafetera a otra clienta pedorra en la misma comanda de hace media hora, para lo que tengo que recorrer 50 metros más de lo necesario? ”

El verano era especialmente caluroso, caía fuego y la terraza hervía en muchedumbre todos los días, sobrepasando los límites de la plantilla y provocando escaqueos y bajas repentinas los fines de semana. Dos bandos claramente diferenciados: los contratados a sueldos ridículos y los extras de la economía sumergida. Follones entre barra y carpa, entre carpa y terraza, entre cocina y barra, entre barra y terraza. Entre cocina de barra y cocina de carpa…
“Estos curran más, aquellos se han echado dos cigarros seguidos, vosotras iros a fregar, tu padre mató al Yiyo…” Y en un plis plas el chiringuito pasó a ser un polvorín con un parrillero al que se le iba la olla con el queroseno.
A estas alturas de la temporada, las pinches de cocina tenían que hacer las croquetas mientras vigilaban freidoras con calamares, planchas con champiñones, microondas con chori-morci y picadillo, a las pinches de la cocina de la barra que se colaban para hurtar vajilla y alpargatas pan tomaca ya montadas…
El hecho de no haber nacido con ocho brazos, como los del pulpo que ponían a la gallega, fue trascendental para que decidieran que no pasaba nada por engordar la bechamel echando más harina encima de la leche. Eran dos minúsculos detalles nada más: tener dos manos y poco tiempo, pero lo suficientemente decisivos como para que un gran producto, delicioso y popular, termine siendo una tapa vulgar y grasienta.
De modo que la croqueta mutó completamente para convertirse en una especie de bollo que, al partirlo en dos, tenía miga de pan dentro con aroma de jamón como el de las patatas fritas.
¡Aaaay, el amor por el detalle, joven! Algo tan sencillo de entender y que tanto le cuesta al empresario con exceso de codicia…y al arrogante que vende una marca sin contenido.

Es increíble… ¿cómo puede contarme esta historia sin haberme traído las dichosas croquetas?

Ya se lo decía yo. Sabía que al final usted querría comprobarlo.
[…] FIN

[Entre tanta gilipollez suscitada por la Ley Sinde y un buen número de analogías dialécticas chuscas (de ínfimo nivel para gente que se autodenomina trabajadores de la Cultura), utilizando desde tomates a chorizos y pasando incluso por los langostinos de la boda, me van a perdonar que aporte mi propia adaptación según mis humildes conocimientos de lo mío:]

Lo mismo me sucede a mí cuando me hablan de un grupo de música que no conozco o de una peli de autor. Primero me descargo un archivo de Fulano DJ o de Lars Von Frier y, si me gusta me hago fan, igual que si usted encuentra una croqueta divina en Parla se hace unos kilómetros de vez en cuando para agasajar el paladar.
El problema está en la contradicción que hay cuando un “creador”que paga para que pongan su bodrio en los 40 principales, quiere que seas su fan y tener razón mientras te llama ladrón por difundir y multiplicar su obra aunque vayas a sus conciertos.
Entonces piensas que a su trabajo le ha pasado como a la croqueta, por querer acaparar la carta y porque la producción industrial y la especulación con el beneficio han destruido su sabor.
Pero ellos duro que dale con el rollo de que los más afectados son los nuevos talentos…
Estaría bien que alguno llegara a la conclusión de que el tacaño es el que quiere producir la croqueta haciendo trampa para que sea más rentable, echando la culpa al que va a probar la croqueta en hora punta o al del chiringuito de al lado por hacer una croqueta mejor y más asequible.
Si pretenden que parezca razonable legislar para que la gente no comparta su obra, entonces también sería justo que ellos dejaran de pagar a los medios de comunicación para que promocionen su disco y se adapten a la competencia que ha generado la socialización de la red. Y que paguen sus impuestos antes de llorar, que la crisis la estamos pasando (¡ejem!) casi todos. Porque ya vemos cómo se toman algunos las reivindicaciones de los oprimidos…

Les dejo un monólogo sobre la chichilla y la patatica gajo, para echar unas risas muy lúcidas:

http://www.lasexta.com/media/swf/reproductor_mini/player_mini.swf

¿Todavía puede ser peor?

Después de ver al blandito de Gabi en su monólogo del viernes y puesto que la vida sigue porque sólo se ha removido un poco la Internete y para de contar, he pensado mucho en el crack del 29. He pensado en que no es cierto que la dictadura se haya desvelado ahora, puesto que yo la he sentido en mi entorno mucho antes. Volviendo la vista atrás al comienzo de todo esto, allá por 2005 cuando comencé el primer blog, ya entonces tuve acceso a los poemas de Chusa Lamarca. Ya entonces el FMI y la OMC  (y el Vaticano, y Bush haciendo el joputa, etc.etc) estaban manejando el cotarro maquiavélicamente aunque todavía no hablábamos de las subprime y de otros palabros mediáticos. Pero claro, Iñaki estaba entonces haciendo el “Hoy por hoy” en la SER…y yo seguía sin ver tan de sentido común meterme en una hipoteca aunque fuera un mantra entre familia, amigos, conocidos, compañeras y compañeros de curro, la panadera, el del estanco…etc. etecé…
Anoche estaba en Facebook hablando de la guerra civil con un amigo de un amigo. Salió el tema por el Pinto Monas y el otro chico que comentó primero el post, decía que teníamos que aprender de la historia porque la ausencia de partidos de centro en la Segunda República había radicalizado el espectro ideológico y apuntaba a esto último como la causa de la lucha fraticida. Yo no estoy completamente de acuerdo con esta postura, puesto que no asumo que ambos bandos tuvieran la misma responsabilidad. No ya en el alzamiento, si no también en lo que se refiere a la contribución de unos y otros a la situación convulsa que se desarrolló en el último bienio. Considero que las manifestaciones espontáneas de violencia durante la Segunda República, se produjeron por el analfabetismo de las gentes que participaron y que en este puto país, cuando hay problemas, las clases altas y el rancio poder eclesial, usea, los ppsunos, siempre lo aprovechan de manera oportunista para volver al poder. Como ahora. Como siempre. Aunque sea un análisis de andar por casa, es evidente que no hubo paciencia ni segundas oportunidades para los nobles objetivos de la Pepa. No interesaba.
Me voy por las ramas de la intención de este post. Mucho se ha dicho sobre la crisis de los treinta y de los brotes de racismo, xenofobia y nacionalismo exacerbado que vinieron con ella. Se observa con recelo, porque así pretende metérnoslo en el coco la caja tonta, como los grupúsculos de ultraderecha aumentan su poder en Europa. Barroso incluso habla de golpes militares a controlar. Cuba está en horas de prime time en los mass media. Todo esto mientras nos dicen que hemos de sucumbir a los mercados para tener una pensión tardía mañana.
Yo es que soy muy malpensada y creo que la batalla nos la están vendiendo perdida de antemano…aunque puede ser también que tengo el día individualista y optimista, porque el necio es muy salao y me envía cosas güenas para levantarme el ánimo de rojona ceniza. Hoy va y me manda esto al correo:

Gorgosh necio atalayo, asunto: La crisis.

“Ánimo! Pase lo que pase, siempre habrá una salida!”


Con este archivo adjunto:

No me dirán que no soy afortunada.

Se llamaba Expedita.

Ayer Escolar recordaba a Javier Ortiz con motivo del primer aniversario de su muerte, referente del periodismo de izquierdas al que se homenajea hoy en San Sebastián. Yo descubrí su lógica aplastante en la blogocosa bastante tarde, aunque a él ya le había jaleado alguna vez viendo el “Pásalo” de ETB2.
Con esta breve reseña quiero aportar mi granito de arena de Lanzarote, que no de Jamaica, pero también de un sitio que ejerce sobre mí una importante atracción, para sumarlo al homenaje que seguro muchos más ya le han rendido o rendirán estos días, a alguien que tenía por costumbre tener la neurona siempre a punto para engrasar el buen juicio de los demás.

Quería hoy también mostrarles a través de otros y aprovechando el hilo del homenaje a alguien que hace año y medio que ya no está entre la sociedad lanzaroteña. En realidad no creo que estuviera en vida, ya entre nosotros, pues la exclusión hizo de ella pasto de los bárbaros e hizo posible su triste final. Valga esta referencia mediante enlace de una reflexión certera que leí en el agitador y que me heló el alma con su abrumadora razón.
Así podrán hacerse una idea más profunda sobre lo que ocurre en esta hermosa isla, perdida en un mar de corrupción política, empresarial y social.
¿Rodeados? No lo sé…
¿Enfermos? Creo que sí, algunos rozando la muerte cerebral…


Buen fin de semana.